Medicamentos hepatotóxicos: cómo interpretar ALT, AST, FA, GGT y bilirrubina
La hepatotoxicidad inducida por fármacos (DILI, Drug‐Induced Liver Injury) se define por alteraciones bioquímicas enzimáticas (por ejemplo, ALT > 2×Límite Normal (LN), AST/FA > 2×LN, bilirrubina directa > 2×LN)
. Los principales parámetros a vigilar en la analítica son enzimas hepáticas (ALT, AST, fosfatasa alcalina y GGT) y bilirrubina (total y directa). En la práctica clínica se considera señal de alarma: ALT o AST ≥ 3×LN, FA ≥ 2–5×LN o cualquier enzima ≥ 2×LN con bilirrubina elevada
. En general, un aumento de enzimas 3–5 veces sobre el normal (especialmente ALT/AST) es sensible de lesión hepática significativa.
Patrones de lesión hepática: hepatocelular, colestásico y mixto
Se clasifican en hepatocelular (ALT muy elevada, ALT/FA >5), colestásico (ALP elevada, ALT/ALP <2) o mixto
. Por ejemplo, un aumento aislado de fosfatasa alcalina > 2×LN indica lesión colestásica
. La GGT elevada suele reflejar inducción enzimática (p. ej. por fenitoína, rifampicina) y no siempre indica daño grave
Cuándo suspender un fármaco hepatotóxico: umbrales clínicos importantes
Antes de iniciar fármacos hepatotóxicos se debe hacer analítica basal hepática (AST, ALT, FA, GGT, bilirrubina, albúmina, TP/INR). En muchos tratamientos de riesgo se repite cada 1–3 meses o según protocolo (tabla 3 del SciELO)
. Por ejemplo: isoniazida (antitubercular) requiere controles mensuales de ALT/AST durante el tratamiento; estatinas, salvo enfermedad hepática previa, sólo analítica basal y control sintomático; metotrexato, monitorización mensual de transaminasas y albúmina
. No existe un plan único: se personaliza según fármaco, riesgo y guías específicas.
Monitorización de hepatotoxicidad inducida por medicamentos
Si aparece sintomatología de hepatitis (ictericia, malestar hepático) o se superan umbrales críticos, debe suspenderse el fármaco. Siguiendo recomendaciones clásicas, se interrumpe la terapia si ALT o AST exceden 3×LN con síntomas o 5×LN sin síntomas
. Por ejemplo, en profilaxis con isoniazida se aconseja suspenderla si ALT > 3×LN (con reintroducción cuidadosa posterior)
. De igual modo, un incremento de fosfatasa alcalina > 3×LN o de bilirrubina > 2×LN obliga a valorar daño colestásico y suspender. En la práctica, uno o dos marcadores hepáticos >3×LN suele hacer reevaluar el fármaco: reducir dosis, cambiar de medicamento o interrumpir temporalmente. Ante elevación de bilirrubina o prolongación de protrombina, la hepatotoxicidad es más grave y requiere derivar al especialista.
En resumen: en hepatotoxicidad por medicamentos se vigilan ALT, AST, FA, GGT y bilirrubina. Se recomienda prueba basal y controles periódicos (p.ej. mensual) en fármacos de alto riesgo
. Se considera señal de alarma niveles ≥ 3–5×LN en transaminasas o ≥ 2–3×LN en colestásicos o cualquier incremento junto con síntomas o bilirrubina alta, que motivan reducir o suspender el fármaco.
Escala Child-Pugh: interpretación clínica y pronóstico en cirrosis
La clínica y pronóstico de la cirrosis se evalúa clásicamente con la escala de Child–Pugh, que asigna puntuaciones a 5 ítems (tabla de 1 a 3 puntos cada uno) para clasificar la gravedad. Sus componentes son: bilirrubina sérica, albúmina sérica e INR (tiempo de protrombina) analíticos, y ascitis y encefalopatía clínicos.
Elementos analíticos (función hepática):
Bilirrubina: mide excreción hepática. Se puntúa 1 si <2 mg/dL, 2 si 2–3 mg/dL, 3 si >3 mg/dL
. Un incremento refleja colestasis o fallo excretor.
Albúmina: mide síntesis hepática (proteínas). Se puntúa 1 si >3,5 g/dL, 2 si 2,8–3,5, 3 si <2,8
. La hipoalbuminemia indica malnutrición crónica o fallo sintético hepático
INR/TP: mide capacidad de sintetizar factores de coagulación. Se puntúa 1 si INR <1,7, 2 si 1,7–2,3, 3 si >2,3
. Un INR elevado indica coagulopatía hepática.
Elementos clínicos:
Ascitis: reflejo de hipertensión portal y descompensación. Puntuación: 1 (ausente), 2 (leve), 3 (refractaria)
Encefalopatía: gravedad de compromiso neurológico (dificultad de eliminación de toxinas como amonio). Se puntúa 1 si ausente, 2 si leve (grado I–II), 3 si grave (grado III–IV)
Qué significa Child-Pugh A, B y C en práctica clínica
Se suman los puntos para obtener la clase Child–Pugh:
A (5–6 puntos, cirrosis compensada),
B (7–9, cirrosis moderada) y
C (10–15, cirrosis descompensada)
. A mayor clase, peor pronóstico (p. ej. supervivencia a 1 año 100% en A versus ~45% en C)
Cómo afecta la cirrosis al uso de medicamentos
. Los fármacos suelen ajustar dosis según Child–Pugh: en general Child–Pugh B implica precaución (posible reducción de dosis) y C suele considerarse contraindicación absoluta o indicación de evitar el fármaco
. Por ejemplo, muchas guías restringen los anticoagulantes orales directos a pacientes Child–Pugh A/B y no en C.
Interpretación adicional: Child–Pugh valora la función sintética (albúmina, INR) y excretora (bilirrubina) del hígado. No incluye AST/ALT porque los marcadores de inflamación no se correlacionan con la gravedad crónica
. Los pacientes con Child–Pugh B/C presentan alteraciones de la coagulación (INR elevado) y baja albúmina, lo que conlleva coagulopatía y edema o ascitis. En la práctica, una cirrosis avanzada (Child C) suele conllevar bilirrubina alta, hipoalbuminemia, INR prolongado, ascitis y encefalopatía, reflejo de fracaso hepático global.
Albúmina baja: causas, interpretación clínica y consecuencias farmacológicas
Niveles bajos de albúmina: indican hipoalbuminemia. Las causas principales son: malnutrición proteica crónica, enfermedades hepáticas (↓ síntesis), pérdidas renales (síndrome nefrótico) o intestinales (colitis, Crohn), inflamación grave (redistribución/disminución de síntesis)
. También puede aparecer en estados críticos o crónicos (quemados, insuficiencia cardíaca). El resultado es edema (por menor presión oncótica) y mayor “fracción libre” de fármacos fuertemente unidos a albúmina.
Niveles altos de albúmina: poco frecuente; suele deberse a deshidratación. No tiene implicación nutricional.
Prealbúmina y desnutrición: diferencias clave frente a albúmina
En nutrición clínica, la albúmina sérica es un marcador de reserva proteica a largo plazo (vida media ~20 días). Sin embargo, es poco sensible a desnutrición aguda, pues disminuye lentamente y además es reactante de fase aguda negativa. La prealbúmina (transtiretina) es más útil en vigilancia nutricional por su semivida corta (~2–3 días). Un nivel bajo de prealbúmina es un “estándar de oro” para diagnosticar y seguir la desnutrición, ya que disminuye pronto en carencia proteica
. En la práctica, prealbúmina baja alerta de ingesta deficiente de proteínas y se usa para monitorizar mejoras con soporte nutricional.
Cómo influye la albúmina en el calcio y en los fármacos
Efectos en analíticas: La albúmina influye en otros parámetros: por ejemplo, el calcio sérico total va en paralelo con la albúmina, ya que el calcio se une en gran parte a la albúmina. En hipoalbuminemia el calcio total baja, aunque el calcio iónico (biológicamente activo) puede estar normal; por eso se usan fórmulas de corrección. Del mismo modo, muchos fármacos (fenitoína, warfarina, ácido valproico, digoxina, etc.) se unen a albúmina. Una albúmina baja aumenta la fracción libre de estos fármacos, incrementando su efecto y toxicidad potencial.
Conclusiones prácticas: La albúmina baja sugiere malnutrición crónica, enfermedad hepática o pérdidas proteicas
. La prealbúmina baja indica nutrición insuficiente aguda
. En análisis de calcio y de fármacos es crucial considerar la albúmina: bajos niveles de albúmina requieren ajustar la interpretación de calcio y la dosificación de fármacos fuertemente unidos a proteínas
En general, debe suspenderse el fármaco si ALT o AST superan 3 veces el límite normal con síntomas o 5 veces sin síntomas, especialmente si existe elevación de bilirrubina.
La elevación de ALT y AST suele indicar lesión hepatocelular. Cuanto mayor es el aumento, mayor probabilidad de daño hepático significativo.
La escala Child-Pugh evalúa la gravedad de la cirrosis mediante bilirrubina, albúmina, INR, ascitis y encefalopatía.
La albúmina baja puede indicar enfermedad hepática, malnutrición, inflamación o pérdidas renales o digestivas de proteínas.
Sí. La hipoalbuminemia aumenta la fracción libre de fármacos muy unidos a proteínas, incrementando el riesgo de toxicidad.