Diez casos clínicos de discrepancias entre glucemia, HbA1c y monitorización continua

Diez casos clínicos de discrepancias entre glucemia, HbA1c y monitorización continua

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CASOS CLINICOS NOTA SOIP INTERPRETACION GLUCEMIAS Y HBA1c

¿Por qué pueden no coincidir la HbA1c, la glucemia y el sensor?

La HbA1c sigue siendo el principal indicador de control glucémico en diabetes, pero no siempre refleja la realidad clínica del paciente.

Anemia, enfermedad renal crónica, hemoglobinopatías, hiperglucemia posprandial, variabilidad glucémica o errores de monitorización continua pueden generar discrepancias importantes entre:

  • HbA1c
  • glucemia capilar
  • glucosa intersticial
  • fructosamina
  • tiempo en rango (TIR)

En esta revisión analizamos diez situaciones clínicas frecuentes que todo profesional sanitario debe saber reconocer para evitar errores diagnósticos y terapéuticos.

Caso 1: Hiperglucemia posprandial con HbA1c elevada a pesar de glucemia basal normal

Subjetivo:

Paciente varón de 58 años con diabetes mellitus tipo 2 diagnosticada hace 10 años. Antecedentes familiares de diabetes (madre).

Presenta obesidad (IMC 31) y dislipemia tratada con estatinas; hipertenso en tratamiento con IECA. No refiere cardiopatía establecida pero tiene alto riesgo cardiovascular por sus factores de riesgo. Niega tabaquismo actual (fumador discontinuo en el pasado) y consumo ocasional de alcohol.

Sin otras comorbilidades relevantes aparte de esteatosis hepática no alcohólica. En la anamnesis alimentaria refiere ingesta abundante de carbohidratos en comidas principales y poca actividad física (vida sedentaria, trabajo de oficina, no realiza ejercicio regular).

Refiere adherencia parcial a la dieta diabética. Tratamiento actual: metformina 850 mg cada 8 h y insulina glargina 20 UI nocturna; niega olvidar dosis.

Técnica de inyección: adecuada (usa plumas de insulina, rota sitios en abdomen y muslos, no evidencia lipodistrofias a la inspección).

Antecedentes de hipoglucemia: ninguno significativo; hiperglucemias: comenta picos ocasionales de glucosa elevada 2-3 horas después de comidas copiosas. Control domiciliario: glucemias capilares en ayunas típicamente ~110 mg/dL, pero reconoce que rara vez mide postprandial.

Objetivo:

Tensión arterial 128/76 mmHg, frecuencia cardíaca 78 lpm. Examen físico: obesidad central, acantosis nigricans en cuello y axilas.

Resto sin hallazgos patológicos en fondo de ojo (retinopatía ausente), pulsos periféricos presentes. Laboratorio reciente: HbA1c 8,2% (elevada), glicemia en ayunas 115 mg/dL, perfil lipídico con LDL 90 mg/dL (objetivo alcanzado con estatina). Función renal: creatinina 0,9 mg/dL (TFG ~90 ml/min), sin albuminuria. No anemia (Hb 14 g/dL).

Glucemias capilares: registros traídos por el paciente muestran ayunos de ~110 mg/dL consistentemente, pero ausencia de mediciones postprandiales. Monitorización continua: no dispone de CGM, solo glucometría convencional.

Impresión diagnóstica:

Control glucémico globalmente subóptimo evidenciado por HbA1c elevada discordante con glucemias basales relativamente normales.

Se identifica hiperglucemia posprandial como la probable causa: las glucemias en ayunas están cerca del objetivo, pero picos postprandiales importantes podrían explicar la HbA1c elevada. No hay indicios de error en la HbA1c (no anemia, no hemoglobinopatía), por lo que la discrepancia sugiere hiperglucemia postprandial aislada.

Este fenómeno es común en DM2 y contribuye a riesgo cardiovascular. En resumen: discordancia glucemia basal vs HbA1c por elevaciones posprandiales no monitorizadas.

Plan:

Intensificar el control de las glucemias posprandiales mediante intervención farmacoterapéutica y medidas dietético-conductuales.

Se decide:

(1) Ajuste del tratamiento: añadir insulina prandial de acción rápida (lispro) 4 UI antes de las comidas principales, con titulación según glucemia 2h postprandial, o alternativamente iniciar un análogo GLP-1 de acción corta (ej. exenatida) dado su beneficio en peso y control posprandial. Suspender sulfonilureas (no usaba) si las tuviera, para evitar hipoglucemias. Mantener metformina e insulina basal actual optimizando dosis si fuese necesario.

(2) Educación nutricional: fraccionar la ingesta de carbohidratos, privilegiar alimentos de bajo índice glucémico y reducir azúcares simples para mitigar excursiones posprandiales.

(3) Ejercicio físico: promover actividad física regular (ej. caminata 30 min post comidas) que ayude a disminuir la glucemia posprandial.

(4) Auto-monitoreo dirigido: indicar al paciente medir glucemia capilar 2 horas después de las comidas, al menos varias veces por semana, para evaluar respuesta terapéutica; considerar uso de un CGM si está disponible para perfil glucémico completo.

(5) Reforzar adherencia y controles: seguimiento en 1-2 meses para evaluar glucemias posprandiales y en 3 meses repetir HbA1c. Meta de HbA1c <7% si es posible, evitando hipoglucemias.

Justificación docente:

En este caso, la hiperglucemia posprandial ocasiona un promedio glucémico elevado que se refleja en la HbA1c, a pesar de glucemias basales cercanas a la meta.

La HbA1c actúa como un integrador de la glucemia durante ~3 meses, por lo que un paciente puede tener ayunos normales pero elevaciones significativas tras las comidas que aumenten la HbA1c. Estudios muestran que puede haber hiperglucemia posprandial aislada incluso con glucosa en ayunas normal.

Además, la contribución de la glucemia posprandial al valor de HbA1c es mayor cuando HbA1c se encuentra moderadamente elevada (en rangos cercanos a objetivo).

En diabéticos tipo 2 con HbA1c ~7-8%, las excursiones posprandiales suelen ser el factor principal que impide alcanzar la meta.

Este perfil incrementa el riesgo cardiovascular independientemente del ayuno, dado que los picos glucémicos postprandiales favorecen el estrés oxidativo y la aterogénesis.

La discordancia observada (HbA1c 8,2% vs glucemias de ayuno ~110 mg/dL) orienta a hiperglucemias posprandiales no detectadas en el automonitoreo. La ausencia de mediciones postprandiales por parte del paciente permitió que este mantuviera la percepción de “buen control” basándose solo en ayunos normales, subestimando la hiperglucemia diurna.

La intervención se centra en corregir estas excursiones posprandiales: se añade insulina rápida preprandial (o un análogo GLP-1) para cubrir los picos post-ingesta, junto con recomendaciones dietéticas (disminuir cargas glucémicas altas) y ejercicio tras las comidas, que ayudan a reducir la glucemia postprandial.

Estas medidas están respaldadas por evidencia de que controlar la hiperglucemia postprandial mejora la HbA1c y puede reducir complicaciones. Es importante enfatizar al paciente la realización de controles posprandiales o el uso de monitorización continua, para obtener un perfil completo de glucemia.

De esta manera, se alinea la percepción del control con la realidad bioquímica, corrigiendo la discrepancia.

En resumen, este caso ejemplifica cómo una HbA1c elevada con glucemias basales normales sugiere hiperglucemia posprandial, y destaca la necesidad de abordar las glucemias postprandiales para lograr un control integral.

Los agonistas GLP-1 constituyen una de las estrategias más eficaces para reducir las excursiones glucémicas posprandiales.

Caso 2: HbA1c inusualmente baja debido a anemia hemolítica (HbA1c “infravalorada”)

Subjetivo:

Mujer de 60 años con DM2 de 12 años de evolución. En tratamiento con insulina basal-bolo (glargina 30 UI nocturna y lispro 8-10 UI prandial) más metformina 1000 mg cada 12h. Antecedentes familiares: padre con DM2 y cardiopatía isquémica.

Comorbilidades: artritis reumatoide activa de larga data (15 años) con anemia crónica asociada; en tratamiento con metotrexato y corticoides bajos (prednisona 5 mg/d).

Tiene neuropatía periférica diabética leve; sin antecedentes de ECV; nefropatía diabética incipiente (microalbuminuria positiva, 80 mg/día; creatinina 1.1, eGFR ~55 ml/min).

Hemoglobina basalmente baja por anemia de enfermedad crónica (Hb ~10 g/dL). Refiere episodios frecuentes de hiperglucemia (glucemias >250 mg/dL) si omite dosis de insulina, y algunos episodios leves de hipoglucemia matutina en el pasado.

Adherencia al tratamiento: refiere dificultades ocasionales para cumplir los múltiples pinchazos diarios; en el último mes ha omitido dosis de lispro “cuando no come mucho”.

Técnica de inyección: usa pluma, pero la exploración revela lipodistrofias moderadas en abdomen (admite inyectar casi siempre en la misma zona peri-umbilical). Dieta desequilibrada, con ingestas variables debido a artritis (días de dolor come menos).

No fuma, alcohol muy ocasional. Actividad física muy limitada por dolor articular.

Objetivo:

SV: PA 130/80, FC 80. En la exploración: paciente con palidez cutáneo-mucosa (consistente con anemia), nódulos reumatoides en codos, deformidades articulares en manos por artritis. Peso 70 kg, IMC 28 (sobrepeso).

Se palpan lipohipertrofias en pared abdominal.

Laboratorios recientes:

Hemoglobina 9.8 g/dL, VCM 88 fL (normocítica, consistente con anemia por enfermedad crónica). HbA1c 6,4% (sorprendentemente dentro de objetivo). Glucemia basal 140 mg/dL, glucemia postprandial media ~180-200 mg/dL en laboratorio. Fructosamina: 340 µmol/L (elevada, equivalente a un promedio ~200 mg/dL). Perfil renal: urea 50 mg/dL, crea 1.1 mg/dL (eGFR 55); PCR elevada 20 mg/L (artritis activa).

Perfil lipídico: LDL 110 mg/dL. Autocontroles: el diario de glucemias capilares muestra valores con amplia variabilidad: ayunos de 130-160 mg/dL, postprandiales 180-250 mg/dL con algunas excursiones >300 mg/dL en días de estrés o dosis omitidas, y algunas glicemias <80 mg/dL ocasionalmente. A pesar de esto, la HbA1c medida es 6.4%.

Monitorización continua: No usa CGM.

Impresión diagnóstica:

Discrepancia importante entre los valores de glucemia diarios (elevados) y la HbA1c (6,4% aparentemente en rango objetivo).

Dado que la paciente tiene anemia crónica (normocítica) por artritis reumatoide, se sospecha que la HbA1c está “falsamente baja” debido a la disminución de la vida media de los eritrocitos por el proceso anémico crónico.

En condiciones de anemia con mayor recambio de eritrocitos (por destrucción acelerada o producción disminuida), la hemoglobina tiene menos tiempo de exposición a la glucosa, resultando en valores de HbA1c menores a los esperados para un determinado promedio de glucemia.

Por tanto, la HbA1c infravalora el verdadero nivel de control glucémico en esta paciente. La elevación de fructosamina apoya que el control promedio de ~2-3 semanas es deficiente, confirmando la discordancia.

Diagnóstico: HbA1c falsamente normal/baja secundaria a anemia hemolítica/anemia de enfermedad crónica en paciente con DM2 mal controlada.

Plan:

(1) Ajuste terapéutico de la diabetes: No dejarse guiar por la HbA1c (engañosamente normal) sino por los perfiles de glucemia reales.

Se intensificará el tratamiento: reforzar el régimen basal-bolo optimizando dosis de insulina prandial (ej. incrementar lispro precomidas según necesidad) y educar a la paciente para evitar omitir dosis incluso en días de menor ingesta (en su lugar, ajustar la dosis a carbohidratos consumidos).

Se planteará rotación de sitios de inyección para resolver lipohipertrofias que empeoran la variabilidad glucémica. Considerar uso de análogos de insulina ultrasónicos o bomba de insulina para mejorar control si persistiera variabilidad.

(2) Tratamiento de la causa de la discrepancia: Optimizar manejo de la anemia crónica. Coordinar con Reumatología: controlar mejor la artritis (posible intensificación de terapia inmunomoduladora para reducir inflamación crónica) y evaluar suplementación de hierro, eritropoyetina o transfusiones si indicadas para corregir la anemia crónica.

(3) Monitoreo estrecho alternativo: Emplear fructosamina periódicamente o monitorización continua de glucosa para evaluar control a corto plazo mientras la HbA1c no sea fiable.

Programar visitas mensuales para revisar perfil glucémico capilar descargado del glucometro.

(4) Educación: Explicar a la paciente por qué su HbA1c es engañosa en su contexto y enfatizar la importancia de los autocontroles y adherencia al plan nutricional y farmacológico.

(5) Revaloración: una vez corregida/estable la anemia, reevaluar HbA1c. Meta individualizada: dado riesgo de hipoglucemia y comorbilidades, HbA1c ~7% real (que podría leerse más baja en laboratorio).

Justificación docente:

Este caso ilustra una HbA1c falsamente baja (infravalorada) debido a una anemia con alta rotación eritrocitaria.

La paciente exhibe claros signos de mal control glucémico en sus mediciones diarias (glucemias frecuentemente >180-200 mg/dL), sin embargo la HbA1c fue 6,4%, lo que normalmente indicaría buen control.

La explicación radica en que la HbA1c asume una vida media normal de los eritrocitos (~120 días).

En condiciones que acortan la vida de los glóbulos rojos, cada eritrocito tiene menos tiempo para glucarse, y por tanto el % de HbA1c acumulado es menor del esperado para una misma glucemia promedio.

Causas comunes de reducción de la supervivencia eritrocitaria incluyen anemias hemolíticas, pérdida sanguínea, anemia de enfermedades crónicas, tratamiento con eritropoyetina, insuficiencia renal, etc.

En esta paciente, la anemia de la artritis reumatoide (probablemente con componente hemolítico/inflamatorio) acorta la vida eritrocitaria.

El resultado es una discordancia: HbA1c subestimando el nivel real de hiperglucemia.

Es crucial reconocer esta discrepancia para evitar interpretaciones erróneas.

Un HbA1c falsamente bajo puede dar la impresión de que la diabetes está controlada y retrasar ajustes necesarios del tratamiento, con riesgo de hiperglucemias prolongadas no corregidas. Por ello, ante anemias significativas, se recomienda confirmar el control con marcadores alternativos (p. ej., fructosamina, que refleja glucosa ~2-3 semanas y no depende de Hb) o con monitorización continua, así como tratar la causa de la anemia.

En la paciente, el valor alto de fructosamina corroboró que el promedio glucémico reciente estaba elevado pese a la HbA1c normal, validando la sospecha de discordancia. La intervención combina mejorar el control glucémico (intensificar insulina, corregir técnica de inyección) con tratar la anemia subyacente, ya que al normalizar la vida media eritrocitaria la HbA1c recuperará fiabilidad. Educativamente, este caso destaca que la HbA1c no es infalible como indicador y debe interpretarse con cautela en presencia de condiciones que alteran la dinámica de los glóbulos rojos.

El clínico debe sospechar discrepancias cuando la HbA1c “no encaja” con los datos diarios, especialmente en pacientes con anemia, hemoglobinopatías o enfermedad renal avanzada.

La interpretación de la HbA1c en pacientes con insuficiencia renal requiere conocer adecuadamente la función renal estimada.

Caso 3: Falsos episodios de hipoglucemia en CGM por compresión del sensor

Subjetivo:

Varón de 45 años con diabetes tipo 1 desde los 20 años de edad (25 años de evolución). Sin antecedentes familiares de diabetes tipo 1; padre con DM2.

Buen control de factores de riesgo cardiovascular: no fuma (ex-fumador, 10 paquetes/año), bebe alcohol esporádicamente. Peso saludable (IMC 24), activa rutina de ejercicio (corre 3 veces/semana).

Comorbilidades: leve retinopatía diabética no proliferativa, sin otras complicaciones macrovasculares; función renal normal. Tratamiento actual: infusión subcutánea continua de insulina mediante bomba (insulina lispro) desde hace 5 años; previo a eso usó esquema basal-bolo.

Lleva un sistema de monitorización continua de glucosa (CGM) desde hace 2 años (sensor en brazo, modelo Dexcom G6).

Adherencia: Muy buena, motivado en su autocuidado. Antecedentes hipoglucemia: refiere reducción notable de hipoglucemias severas desde uso de bomba y CGM, aunque en las últimas semanas notó varias alarmas de glucosa baja durante la noche que le despiertan, pero al levantarse no tiene síntomas y en ocasiones al medirse con el glucómetro capilar lee valores normales (~100 mg/dL).

Consulta preocupado por estas lecturas discordantes de posible “hipoglucemia nocturna” que no logra confirmar.

Técnica de uso del sensor: Colocación en cara posterior del brazo. Refiere que suele dormir de lado, a veces presionando el brazo del sensor contra el colchón.

Objetivo:

TA 125/75, FC 72. Buen estado general, examen físico sin hallazgos relevantes; neuropatía periférica ausente, no hay lipohipertrofias (usa cánula de bomba rotando sitios).

Descargas del CGM: se observan múltiples episodios de descenso abrupto de glucosa durante la madrugada (valores reportados ~55-60 mg/dL alrededor de las 3-4 AM) que se recuperan espontáneamente en 15-20 minutos.

Sin embargo, en el registro de glucemias capilares correlativo, el paciente documentó mediciones durante algunos de esos episodios, obteniendo valores normales (90-120 mg/dL) a la misma hora en que el CGM mostraba 55 mg/dL. Los registros diurnos del CGM se correlacionan bien con la glucometría.

Laboratorio: HbA1c 7,0%. Perfil lipídico, renal y hemograma sin alteraciones significativas.

Impresión diagnóstica:

Falsa hipoglucemia en la monitorización continua debida a artefacto de compresión del sensor.

Los datos sugieren que los episodios nocturnos de glucosa baja señalados por el CGM (no acompañados de síntomas ni confirmados en capilar) se deben a presión externa sobre el sensor cuando el paciente duerme de lado.

Este “fenómeno de compression lows” es conocido: la presión reduce el flujo de líquido intersticial local y puede provocar lecturas artificialmente bajas en el sensor.

La ausencia de síntomas y la discrepancia con la glucometría capilar simultánea apuntan a que no fueron hipoglucemias reales sino lecturas falsely bajas por compresión. Diagnóstico: Pseudohipoglucemias por artefacto mecánico en CGM.

Plan:

(1) Educación y prevención: Explicar al paciente el fenómeno de compresión del sensor. Recomendarle evitar dormir apoyando el peso sobre el sensor; puede probar colocar el sensor en otra zona (por ejemplo abdomen) o protegerlo con almohadilla, y cambiar de posición al dormir.

(2) Verificación de alarmas: Instruir que, ante una alarma de hipoglucemia del CGM sin síntomas o inesperada, realice una confirmación con glucemia capilar antes de tomar medidas (para evitar sobretratamiento).

(3) Ajuste de alarmas: Si los episodios persisten, considerar elevar temporalmente el umbral de alarma baja nocturna del CGM para que no suenen valores ligeramente bajos que probablemente sean falsos, o usar la función de “snooze” más prolongada, siempre y cuando se mantenga la seguridad.

(4) Seguimiento: en próxima visita, revisar de nuevo los trazados CGM tras cambios. Si persistieran lecturas espurias, podría evaluarse cambiar de dispositivo o ver si hay defecto en el sensor.

(5) Tranquilizar al paciente: no se han evidenciado hipoglucemias nocturnas reales peligrosas; reforzar las medidas de seguridad habituales (identificación de síntomas, disponibilidad de glucosa oral, etc.).

Justificación docente:

Los sistemas de monitorización continua de glucosa (CGM) revolucionan el manejo de la diabetes al proporcionar datos en tiempo real, pero no están exentos de limitaciones y fuentes de error.

Un ejemplo clásico es el “artefacto por compresión”: la presión externa sobre el sensor (por ej., al acostarse sobre él) puede reducir el flujo de líquido intersticial local y hacer que la concentración de glucosa medida caiga transitoriamente, simulando una hipoglucemia que en realidad no ocurre.

En este caso, el paciente presentaba discrepancias entre el CGM y la glucemia capilar, con el CGM mostrando valores bajos (~55 mg/dL) que no se confirmaban en la medición capilar (90-100 mg/dL) ni se acompañaban de síntomas. Esto es característico de los “compression lows” descritos, que se manifiestan como descensos bruscos y breves en la gráfica continua, típicamente durante la noche.

Reconocer este fenómeno es fundamental para evitar intervenciones inapropiadas, como ingesta de carbohidratos o reducción innecesaria de insulina basal por falsos avisos de hipoglucemia.

La conducta correcta es confirmar con un método alternativo (glucometría capilar) cualquier lectura del CGM que no concuerde con la clínica.

En la justificación al paciente, se explicó que el CGM mide glucosa en líquido intersticial, susceptible a cambios locales con la presión.

La solución principal es educativa/conductual: cambiar el lugar de inserción del sensor a una zona menos propensa a compresión y modificar hábitos de sueño. También se pueden ajustar las alarmas para minimizar las interrupciones por falsos positivos, manteniendo la seguridad.

Este caso destaca la importancia de entender las limitaciones técnicas de los dispositivos CGM. Aunque la correlación con la glucemia real suele ser alta, ciertos escenarios (presión, deshidratación, cambios rápidos de glucosa con retraso del sensor, etc.) pueden producir lecturas erróneas.

El profesional de salud debe sospechar un artefacto cuando haya disparidades significativas entre CGM y glucometría capilar. A nivel docente, es un recordatorio de que la tecnología requiere interpretación crítica: el CGM es una herramienta valiosa, pero el contexto clínico y la confirmación con métodos tradicionales siguen siendo esenciales para una toma de decisiones segura.

Caso 4: Alta variabilidad glucémica no reflejada en HbA1c (“HbA1c en objetivo” a costa de hipoglucemias e hiperglucemias)

Subjetivo:

Hombre de 50 años con diabetes tipo 1 desde la adolescencia (35 años de enfermedad). Tiene antecedentes de hipoglucemias severas previas (varios episodios de inconsciencia en el pasado lejano) y de hiperglucemias frecuentes por control lábil.

Antecedentes familiares: hermana con DM1. Factores de riesgo CV: ex-fumador (dejó hace 5 años; 20 paq/año), dislipemia en tratamiento con fibratos (intolerancia a estatinas), sin ECV conocida.

Comorbilidades: retinopatía diabética proliferativa tratada con láser; nefropatía diabética estadio 3 (TFG ~45 ml/min, albuminuria 300 mg/día); neuropatía periférica moderada; enfermedad coronaria subclínica (calcio score elevado).

Estado nutricional: IMC 23 (normopeso), pero ha tenido pérdida ponderal involuntaria de ~3 kg últimamente. Consumo de alcohol mínimo, no drogas. Actividad física: moderada (camina a diario).

Tratamiento actual: Insulinoterapia intensiva con análogos: insulina degludec 18 UI nocturna y lispro prandial (~6-8 UI por comida, ajustadas según conteo de carbohidratos).

Usa sensor FGM (Flash Glucose Monitoring, Freestyle Libre) que se escanea, desde hace 6 meses, pero se basa parcialmente aún en glucometrías capilares. Técnica de inyección: el paciente usa agujas cortas, pero reconoce que suele inyectar insulina en el mismo cuadrante periumbilical por comodidad.

Adherencia: está muy pendiente de mantener HbA1c <7% y a veces admite que prefiere “pasarse de insulina” que quedarse alto. Refiere episodios de hipoglucemia leve casi diarios (glucosas ~60 mg/dL) que maneja con pequeñas ingestas; algunos los detecta el sensor, otros son asintomáticos. También picos hiperglucémicos (>250 mg/dL) ocasionales, especialmente cuando ingiere comidas copiosas o en las tardes.

Objetivo:

PA 130/78, FC 76. En examen: ligero temblor de manos; se observa lipohipertrofia (protuberancia) de ~4 cm en región periumbilical derecha (zona recurrente de inyección). El paciente tiene sensibilidad disminuida en pies (monofilamento alterado), resto examen sin hallazgos agudos.

Datos del sensor FGM: HbA1c estimada por el sensor (GMI) ~6.5%. Tiempo en rango (70-180) bajo, ~50%; Tiempo <70 mg/dL: 8%; Tiempo >180 mg/dL: 42%. Las curvas muestran oscilaciones amplias día a día.

Laboratorio: HbA1c medida 6,6%. Glucemia media capilar ~150 mg/dL pero con desviación estándar muy elevada. Perfil renal: urea 60, creat 1.4. Hb 13 g/dL (sin anemia).

Impresión diagnóstica:

Paciente con HbA1c aparentemente en objetivo (6.6%), pero a costa de una elevada variabilidad glucémica con frecuentes hipoglucemias e hiperglucemias.

Existe una discrepancia cualitativa: el valor de HbA1c no refleja los problemas de control (fluctuaciones amplias) debido a que HbA1c solo indica el promedio, no la variabilidad ni las hipoglucemias.

La presencia de hipoglucemias frecuentes ha contribuido a un promedio más bajo (buen HbA1c), enmascarando periodos de hiperglucemia marcada. Además, la lipohipertrofia en el sitio de inyección sugiere absorción irregular de insulina, exacerbando la variabilidad.

Diagnóstico: Control glucémico inestable (diabetes lábil) con amplia variabilidad no evidenciada por HbA1c; hipoglucemias inadvertidas que disminuyen artificialmente el promedio.

Plan:

(1) Optimizar la administración de insulina: Educar y insistir en rotación de sitios de inyección para eliminar el efecto de la lipohipertrofia; posiblemente pausar inyecciones en el área afectada hasta que regrese a la normalidad. Esto debe mejorar la predictibilidad de la absorción.

(2) Ajustar objetivos glucémicos: Dado el historial de hipoglucemias y comorbilidades, considerar un objetivo de HbA1c un poco más alto (ej. ~7%), priorizando reducir hipoglucemias.

(3) Ajuste de dosis y hábitos: Revisar el esquema de insulina: quizás reducir dosis basales o de bolo para evitar tantas hipoglucemias, e incorporar colaciones si es necesario. Realizar profilaxis de hipoglucemia nocturna (ej: reducir basal degludec ligeramente, o usar snacks antes de acostar si glucosa <120).

(4) Uso de la tecnología: Aprovechar el sensor Libre: escanear con frecuencia, revisar patrones de tendencia y usar alarmas (si dispone del modelo con alarmas) para detección precoz de bajadas. Enseñar al paciente a usar métricas como Tiempo en Rango (TIR) además de HbA1c, para evaluar mejor la calidad del control.

(5) Farmacoterapia adyuvante: Evaluar si es candidato a bomba de insulina con suspensión automática en hipoglucemia, o añadir fármacos como análogos de amilina o moduladores de la digestión para amortiguar picos (aunque con variabilidad tan alta y DM1, la bomba seria ideal).

(6) Educación alimentaria: Ajustar conteo de carbohidratos con dietista para evitar errores que lleven a hiper/hipo; distribuir mejor los carbohidratos a lo largo del día para evitar grandes cargas.

(7) Seguimiento estrecho: Contacto frecuente (semanal) inicialmente para revisar datos del sensor, haciendo profiling de variabilidad. Apoyo en reconocer síntomas de hipo inadvertida. Posible derivación a endocrinólogo especializado en tecnología para considerar sistemas avanzados (bomba con sensor integrado “closed loop”).

Justificación docente:

En este caso, la HbA1c “engaña” al sugerir un buen control, cuando en realidad el paciente tiene un control inestable con oscilaciones extremas. La HbA1c de 6.6% refleja un promedio de glucosa ~140 mg/dL, pero no muestra cómo se distribuyen esos valores.

Puede ser el resultado de promediar periodos de hipoglucemia (p. ej. 50 mg/dL) con periodos de hiperglucemia (p. ej. 250 mg/dL). La HbA1c no proporciona información sobre la variabilidad glucémica ni la frecuencia de hipoglucemias.

Por ello, dos pacientes con la misma HbA1c pueden tener pronósticos muy diferentes: uno con glucosa estable en rango y otro con subidas y bajadas marcadas. La evidencia clínica y las guías destacan que la HbA1c no evalúa el riesgo de hipoglucemia ni la variabilidad día a día.

En personas con gran variabilidad (especialmente DM1 de larga evolución), es crucial considerar métricas adicionales (DS de glucemia, %TIR, % hipoglucemia).

Aquí, el paciente perseguía un HbA1c bajo, sufriendo hipoglucemias frecuentes que le permiten lograr ese promedio bajo pero a un alto costo en términos de seguridad y calidad de vida. Además, la lipohipertrofia por inyecciones repetidas en el mismo sitio llevaba a absorción errática de insulina, contribuyendo a alternar hiper e hipo.

La intervención docente resalta varios puntos: Primero, individualizar las metas – en pacientes con historia de hipoglucemias severas, quizá aceptar un HbA1c ligeramente más alto es más seguro.

Segundo, enfatizar la rotación de sitios de inyección: la presencia de lipodistrofias puede aumentar la variabilidad glucémica; su corrección mejora la consistencia en la absorción de insulina.

Tercero, promover el uso de CGM/FGM y métricas de Tiempo en Rango, que permiten cuantificar la variabilidad y el porcentaje de tiempo en hipoglucemia, complementando la HbA1c.

Desde el punto de vista farmacoterapéutico, podría considerarse tecnología avanzada (p.ej., bomba con algoritmos) para mitigar variabilidad y suspender insulina en hipoglucemia.

Educativamente, este caso enfatiza que HbA1c no lo es todo: un valor “bueno” puede esconder control deficiente. La atención debe centrarse en reducir la variabilidad glucémica y las hipoglucemias, ya que estas fluctuaciones se asocian con mayor riesgo de complicaciones (daño endotelial por oscilaciones, arritmias por hipoglucemia, etc.).

El control óptimo de la diabetes no solo busca un número de HbA1c, sino también estabilidad glucémica, lo cual este paciente necesita mejorar.

Caso 5: Hiperglucemias por glucocorticoides con discrepancia entre momentos del día y HbA1c

Subjetivo:

Mujer de 67 años con diabetes tipo 2 diagnosticada hace 15 años. Presenta obesidad (IMC 32), hipertensión y dislipidemia (riesgo cardiovascular alto, con infarto hace 2 años; tiene stent coronario).

Comorbilidades: artritis reumatoide tratada crónicamente con prednisona; artrosis de rodilla. Nefropatía diabética estadio 2 (microalbuminuria leve, eGFR ~70). En tratamiento antidiabético: metformina 1000 mg/12h, sitagliptina 100 mg/día, e insulinoterapia basal-bolo desde hace 1 año (glargina 24 UI nocte + aspart 6-8 UI preprandial).

Adicionalmente, prednisona 10 mg cada mañana por la artritis, más metrotrexato semanal.

Adherente a medicación según refiere; sin embargo, comenta que ajusta las dosis de insulina “según el día” por su cuenta (sin un plan fijo), especialmente aumentando dosis rápida al almuerzo.

 Dieta: cumple moderadamente (dice evitar azúcar, pero ingesta calórica sigue alta); actividad física escasa por dolor articular.

Antecedentes de hipoglucemia: niega eventos severos; algunos mareos en ayunas que atribuye a bajones leves.

Antecedentes de hiperglucemia: refiere picos frecuentes de glucosa >250 mg/dL en la tarde. Fumadora ligera (5 cigarrillos/día). Alcohol casi ninguno.

Objetivo:

TA 135/80, FC 78. Examen: obesidad centrípeta, giba dorsal (cushingoide leve por corticoides), hirsutismo leve. Deformidades articulares en manos por artritis; rodillas inflamadas. No otras alteraciones focales.

Glucemias capilares domiciliarias: ayunos matutinos relativamente controlados (~130 mg/dL); glucemias post-almuerzo muy elevadas (p.ej. 250-300 mg/dL 2 horas después de comer) en múltiples registros, incluso con insulina. Glucemias nocturnas pre-cena ~180-200 mg/dL. Laboratorio: HbA1c 7,5%. Perfil lipídico: LDL 100 mg/dL (mejorable), triglicéridos 200 mg/dL. Función renal: crea 1.0. Hemoglobina 13 g/dL (no anemia). PCR 8 mg/L.

Impresión diagnóstica:

Diabetes tipo 2 mal controlada secundariamente agravada por uso crónico de glucocorticoides.

Se observa una discrepancia temporal: la paciente tiene glucemias de ayuno no muy altas (gracias a insulina basal y menor efecto del esteroide en la noche), pero experimenta hiperglucemias posprandiales marcadas a mediodía y en la tarde coincidiendo con el pico de la dosis matutina de prednisona.

La HbA1c de 7,5% refleja un control global subóptimo, aunque podría ser peor de no ser por las glucemias matutinas más bajas. Sin embargo, la paciente pasa gran parte de las tardes con glucosa elevada, lo cual conlleva riesgo de síntomas y complicaciones agudas (ej. infecciones).

Diagnóstico: Hiperglucemia inducida por glucocorticoides con patrón postprandial predominante. La discrepancia radica en que el control en ayunas es aceptable, pero el control postprandial diurno es deficiente, elevando la HbA1c. Además, si la prednisona se hubiera introducido recientemente, la HbA1c actual (que integra 3 meses) podría subestimar la hiperglucemia de las últimas semanas de dosis elevadas; no obstante, en este caso es crónica.

Plan:

(1) Ajuste del régimen insulínico al patrón de glucocorticoide: Intensificar insulina en las horas de acción máxima del corticoide.

Por ejemplo, añadir una dosis extra de insulina rápida a media mañana o aumentar significativamente la dosis de insulina rápida antes del almuerzo para contrarrestar la hiperglucemia del mediodía. Alternativamente, podría emplearse insulina NPH en la mañana, aprovechando que su pico alrededor de 6-8h cubriría el pico hiperglucémico del prednisona.

Mantener insulina basal nocturna para ayuno.

(2) Optimizar tratamiento de artritis/reducir corticoide: Coordinar con Reumatología si es posible bajar la dosis de prednisona (ej. agregar ahorradores de corticoides, biológicos) para mitigar su impacto metabólico. Cada reducción de corticoide permitirá probablemente disminuir insulina.

(3) Educación y automanejo: Instruir a la paciente en ajuste de insulina rápida según glucemia y aporte de carbohidratos, formalizando las “correcciones” que ya intenta. Enseñar a anticipar que en días de dosis más altas de corticoide (si sucediera) requerirá más insulina, y viceversa.

(4) Monitoreo: Fomentar medir glucosa postprandial de mediodía y tarde, no solo ayuno. Considerar un CGM/FGM temporal para perfilar la curva diaria con esteroides. Controlar HbA1c en 3 meses esperando mejoría si se logran atenuar picos.

(5) Otros cambios: intensificar medidas dietéticas especialmente en la comida del mediodía (reducir carbohidratos de absorción rápida en el almuerzo cuando el corticoide está en pico). Añadir/modificar fármacos: considerar un agonista GLP-1 para mejorar control postprandial y peso, si no contraindicado. (6) Manejo integral CV: optimizar LDL (<70) con aumento de dosis o cambio de hipolipemiante; ASA por cardiopatía isquémica ya estaría indicado.

Justificación docente:

Los glucocorticoides sistémicos inducen resistencia a la insulina y aumentan la gluconeogénesis, ocasionando hiperglucemia, frecuentemente con un patrón característico: cuando se administran por la mañana (como la prednisona), tienden a producir hiperglucemias posprandiales intensas en la tarde, con glucemias nocturnas/matutinas más bajas.

En esta paciente, la discrepancia se observó entre las glucemias de ayuno relativamente controladas y las de la tarde muy elevadas. Este patrón de “hiperglucemia vespertina por esteroides” hace que enfocarse solo en la glucemia basal o HbA1c pueda ser engañoso.

La HbA1c de 7,5% ya indica mal control, pero si no se midieran las glucemias postprandiales se podría subestimar lo alto que llega la glucosa durante el día. En tratamientos corticoideos crónicos, la HbA1c refleja el promedio con esas oscilaciones; sin embargo, si el corticoide se inicia o ajusta recientemente, la HbA1c tardará en reflejar plenamente el deterioro (dado que integra ~3 meses).

Por tanto, en pacientes que comienzan esteroides, el clínico debe anticipar hiperglucemia antes de que la HbA1c suba.

La intervención se orienta a contrarrestar la acción hiperglucemiante del corticoide en su pico. Una estrategia reconocida es emplear insulina NPH por la mañana, ya que su perfil de acción intermedio cubre la subida de glucemia hacia el mediodía-tarde.

Alternativamente, incrementar la insulina prandial del almuerzo (y quizá desayuno) o añadir correcciones en esas horas. También es válido añadir agentes orales/inyectables que controlen posprandial (ej. GLP-1 agonista, DPP4i ya tiene, incluso acarbosa podría considerarse para disminuir absorción de carbohidratos).

Reducir la dosis de esteroide es fundamental si es factible, ya que el efecto hiperglucemiante es dosis-dependiente.

Educativamente, este caso resalta la importancia de reconocer los efectos diabetogénicos de los glucocorticoides.

Un clínico debe anticipar que un paciente con corticoides necesitará ajuste de su tratamiento antidiabético. También subraya que ciertas situaciones inducen discrepancias temporales: la HbA1c da un promedio, pero el perfil diario puede tener picos y valles amplios. En un paciente así, monitorear solo ayunos podría llevar a falsa seguridad (los ayunos eran ~130 mg/dL, razonables, mientras las tardes >250 mg/dL eran pasadas por alto).

Por ello se insiste en medir en distintos horarios y, si posible, usar CGM para cuantificar el impacto. La literatura documenta claramente que el patrón de glucemia con prednisona matutina es: pico postprandial al mediodía y temprano en la noche, con riesgo de hiperglucemia importante y alta variabilidad.

Ajustar la terapia (insulina, dieta) al ritmo del corticoide es una aplicación de la farmacoterapia personalizada. En conclusión, este caso muestra una discrepancia entre diferentes momentos del control glucémico debido a corticoides, y la necesidad de enfoques dirigidos a esa causa.

Uso seguro de glucocorticoides y prevención de efectos adversos

Caso 6: Discrepancia en paciente con enfermedad renal crónica avanzada (HbA1c falsamente baja en nefropatía)

Subjetivo:

Varón de 70 años con diabetes tipo 2 de larga evolución (25 años), con múltiples complicaciones. Comorbilidades: nefropatía diabética estadio 5 (TFG <15 ml/min) en hemodiálisis desde hace 6 meses; anemia renal crónica (recibe eritropoyetina).

Antecedentes de retinopatía proliferativa, neuropatía y enfermedad cardiovascular (ACV isquémico hace 1 año). Bypass coronario a los 65 años. No fumador actual (lo dejó tras el bypass; antes, 30 paq/año). Tratamiento antihipertensivo intensivo (IECA, betabloqueante).

Tratamiento diabetes: Insulina glargina 16 UI/día y correcciones con insulina rápida según glicemia (esquema basal-plus simple); previamente tomaba sulfonilureas pero se suspendieron por hipoglucemias. Adherencia buena; se muestra preocupado por sus cifras.

Dieta: controlada en potasio/fósforo por la diálisis, y moderada en carbohidratos. Actividad física muy limitada por fatiga y comorbilidades.

Antecedentes de hipoglucemia: varios episodios de hipoglucemia moderada en los últimos meses, algunos preludiados por diálisis (refiere que los días de diálisis a veces sale con glucosa baja).

Glucemias capilares domiciliarias: variables, con ayunos ~150-180 mg/dL y picos postprandiales 200-250 mg/dL; presenta también descensos a 70-80 mg/dL ocasionales.

Objetivo:

Examen: palidez marcada (Hb 10 g/dL conocida), uremia (aliento urémico leve), edemas maleolares. Neuropatía periférica presente, pulsos distales débiles. Fístula AV en brazo izquierdo funcionando.

Laboratorio reciente: HbA1c 6,0%. Hemoglobina 10 g/dL (en tratamiento con EPO), reticulocitos altos normales. Glucemia promedio según registros capilares ~170 mg/dL. Fructosamina 380 µmol/L (elevada, ~9% HbA1c equivalente). Albúmina sérica 3.5 g/dL. Calcio 8.5, fósforo 5.2. Perfil lipídico: LDL 80.

Impresión diagnóstica:

Discordancia marcada entre HbA1c (6,0%) y el control glucémico real (insatisfactorio) en un paciente con enfermedad renal crónica (ERC) terminal. La HbA1c sugiere “excelente control”, lo cual contrasta con los registros capilares y fructosamina que indican glucemias persistentemente elevadas.

La causa más probable es que en la ERC avanzada la HbA1c pierde fiabilidad, tendiendo a dar valores falsamente bajos debido a la combinación de anemia, uso de eritropoyetina, uremia y acortamiento de la vida media de los eritrocitos.

En diálisis, además, las transfusiones ocasionales de sangre con Hb sin glucar pueden diluir la HbA1c. Por tanto, el valor de HbA1c infraestima el promedio real de glucosa en sangre.

 Diagnóstico: HbA1c falsamente baja en paciente dializado con DM2 mal controlada.

Plan:

(1) No basar ajustes en HbA1c: Dado que HbA1c no es confiable en este contexto, las decisiones terapéuticas se guiarán por glucemias capilares frecuentes y quizás por fructosamina mensual.

(2) Intensificar control glucémico con seguridad: Dado que el paciente presenta hiperglucemias moderadas pero también hipoglucemias ocasionales, se ajustará cuidadosamente la insulina: aumentar ligeramente insulina basal (ej. glargina a 18 UI) y añadir dosis fija de insulina rápida antes de comidas principales (por ejemplo 4 UI) en vez de solo corrección reactiva, intentando aplanar las excursiones postprandiales. Sin embargo, dado su riesgo de hipoglucemia (edad, ERC), mantener objetivo de glucosa prediálisis ~140 mg/dL y HbA1c real alrededor de 7%.

(3) Educación y monitorización: Instruir al paciente o cuidador en medir glucosa antes, durante (si posible) y después de diálisis, ya que la diálisis puede bajar la glucemia. Ajustar dosis de insulina el día de diálisis (posiblemente reducir basal previo o suplementar con glucosa IV durante diálisis si tiende a hipoglucemia). Monitorizar signos de hipoglucemia en días de diálisis y tener a mano glucosa.

(4) Alternativas de monitorización: Usar CGM en modo profesional por unos días para correlacionar glucosas intersticiales con sus síntomas, aunque en uremia puede haber también limitaciones. Fructosamina se repetirá cada 4-6 semanas como seguimiento del control (teniendo en cuenta que puede estar alterada por hipoalbuminemia).

(5) Revisar medicación concomitante: evitar fármacos hipoglucemiantes que acumulen en ERC (ya se retiró SU; si usara insulina de acción prolongada como glargina, está bien; evitar insulinas con metabolitos activos).

(6) Coordinación con nefrólogo: para manejo integral; asegurarse de corregir anemia adecuadamente (p. ej. EPO, hierro) lo cual mejorará la fiabilidad de HbA1c un poco pero aún así no al 100%.

(7) Planificar objetivos individualizados: dado su situación, priorizar evitar hipoglucemias graves más que un HbA1c estricto. Documentar que HbA1c no es fiable en informes para que todos los profesionales lo tengan en cuenta.

Justificación docente:

La insuficiencia renal crónica (ERC) avanzada afecta significativamente el metabolismo y la medición de la glucosa.

En pacientes urémicos, la HbA1c pierde exactitud por varios mecanismos: anemia crónica, eritropoyetina exógena, acidosis, acumulación de carbamilación de hemoglobina, transfusiones, etc., todo lo cual acorta la vida media eritrocitaria y/o interfiere en la medición.

Consecuentemente, es habitual observar HbA1c falsamente bajas en hemodializados.

En este caso, el paciente tenía una HbA1c de 6,0% pese a glucemias capilares elevadas, lo que concuerda con estudios que reportan HbA1c infravalorando la glucemia real en diálisis.

Las guías nefrológicas (KDIGO) recomiendan igualmente cautela: la HbA1c sigue utilizándose para seguimiento en ERC, pero se sugiere complementarla con otros marcadores como fructosamina o albúmina glicosilada en estadio 5, o utilizar CGM para un retrato más fiel.

La fructosamina en este paciente estaba elevada, confirmando el mal control.

Además, la ERC avanzada altera la homeostasis de glucosa: por un lado disminuye la depuración renal de insulina (predisponiendo a hipoglucemias), y por otro hay resistencia a la insulina en uremia.

Esto explica por qué nuestro paciente experimenta tanto hiper como hipoglucemias. Por ello, los objetivos glicémicos en ERC terminal suelen relajarse ligeramente (HbA1c objetivo ~7-8% en muchos casos) para evitar hipoglucemias, dado que estas son especialmente peligrosas (relacionadas con arritmias y muerte súbita en diálisis). Aquí vemos que perseguir una HbA1c <7% no es pertinente porque ese valor no es real.

Desde el punto de vista terapéutico, se enfatizó en no confiar en HbA1c como guía única. Se debe educar al equipo de salud y al paciente que un HbA1c bajo en diálisis no siempre significa buen control; hay que mirar los perfiles de glucosa.

El uso de monitorización continua puede ayudar a revelar la verdad del control glucémico en estos pacientes. Estudios han mostrado correlación reducida entre HbA1c y glucemia medida por CGM en pacientes con eGFR <30  (por ej., correlación rho cae a ~0.6 en CKD <30 ml/min vs >0.8 en pacientes sin CKD). Esto apoya la idea de que en ERC avanzada, HbA1c es menos fiable y deben emplearse marcadores complementarios.

En resumen, este caso enseña que en pacientes con nefropatía avanzada se pueden ver discrepancias importantes: HbA1c falsamente tranquilizadoras pese a un control deficiente.

La clave es reconocer esas situaciones para no infra-tratar la hiperglucemia. A la vez, se debe tener cuidado de no inducir hipoglucemias, planificando objetivos individualizados. La fructosamina y la observación clínica son grandes aliados en este contexto.

Esto resalta el principio de que el manejo de la diabetes debe adaptarse a las condiciones del paciente; ningún parámetro aislado (ni siquiera HbA1c) sustituye la evaluación clínica integral.

La interpretación de la HbA1c en pacientes con insuficiencia renal requiere conocer adecuadamente la función renal estimada.

Caso 7: HbA1c errónea por hemoglobinopatía (trait de hemoglobina S)

Subjetivo:

Hombre de 52 años, originario de Caribe, con diabetes tipo 2 desde hace 8 años. Antecedentes familiares: madre con rasgo falciforme (portadora); varios familiares con DM2. Sin ECV conocida, riesgo CV moderado (HTA en tratamiento, no dislipemia significativa).

Comorbilidades: hiperuricemia/gota, no otra enfermedad crónica.

Estado nutricional: IMC 26 (sobrepeso leve). No fumador, consumo mínimo de alcohol. Actividad física baja (trabajo sedentario, poca ejercitación). Tratamiento DM2: metformina 850 mg/8h, sitagliptina 100 mg/d, y glargina 10 UI nocturna añadida hace 6 meses por glucemias de ayuno altas.

Adherencia: buena según refiere; sigue dieta con moderada restricción de azúcares. Monitoreo: glucemias capilares en ayunas típicamente 130-150 mg/dL, postprandiales 160-200 mg/dL. Antecedentes de hipo/hiperglucemia: niega hipoglucemias sintomáticas; algunas hiperglucemias leves (>200) con trasgresiones dietéticas. Consulta sorprendido porque su médico reportó una HbA1c muy baja en su último control, inconsistente con sus glucometrías.

Objetivo:

Examen físico sin hallazgos relevantes. TA 128/78. Laboratorio actual: HbA1c 5,5%, glucosa plasmática ayunas 140 mg/dL, glucosa 2h post-carga oral 200 mg/dL en OGTT (persisten criterios de DM). Hemograma: Hb 13.5 g/dL, VCM 82 fL (microcitosis leve), electforesis de hemoglobina: 40% HbS, 58% HbA, 2% HbF (compatible con rasgo falciforme heterocigoto).

Fructosamina: 310 µmol/L (ligeramente alta, equivalente a ~7% HbA1c). Perfil renal y hepático normales. Glucemias capilares registradas: últimos 2 semanas: ayunos 120-160 mg/dL, múltiples lecturas diurnas 140-180 mg/dL. Monitorización continua: no realizada.

Se revisan HbA1c previas: fluctuantes entre 5.5-6.0% en últimos años a pesar de cambios en glucemias.

Impresión diagnóstica:

Discordancia marcada entre HbA1c baja (5.5%) y niveles de glucemia que no están en rango normal en un paciente que resulta ser portador de hemoglobinopatía (sickle cell trait). El rasgo falciforme conlleva presencia de hemoglobina S, lo que puede interferir en la medición de HbA1c dependiendo del método utilizado y también puede acortar ligeramente la vida media de los eritrocitos.

En este caso, la combinación de microcitosis y hemoglobina S llevó a una subestimación de la HbA1c (falso bajo), como evidencia la discrepancia con fructosamina y glucosas. Diagnóstico: HbA1c no fiable por hemoglobinopatía (rasgo de células falciformes) en diabetes tipo 2.

Plan:

(1) Cambiar método de seguimiento glucémico: Etiquetar claramente en la historia que el paciente tiene HbS y que la HbA1c por HPLC estándar puede dar lecturas falsamente bajas. Coordinar con laboratorio para usar un método alternativo de HbA1c que sea válido con HbS (algunos métodos inmunoensayo o cromatografía específica, o en su defecto, utilizar fructosamina trimestralmente para seguimiento del control glucémico.

(2) Ajustar tratamiento según glucometrías, no HbA1c: Mantener tratamiento actual pero considerando intensificación: los glucometros sugieren que aún hay margen de mejora (ayunos 130-150). Se subirá glargina gradualmente (ej. +2 UI cada 3 días) hasta lograr ayunos <130. Continuar metformina+sitagliptina. Valorar añadir un análogo GLP-1 si necesita mejor control posprandial o por beneficio ponderal.

(3) Educación: Explicar al paciente que su baja HbA1c no significa que esté curado de la diabetes; es un artefacto de laboratorio por su hemoglobina anormal. Reforzar que debe continuar controlando dieta y glucemias. Evitar confusión si otro proveedor ve su HbA1c baja – asegurarse de comunicar el tema de la hemoglobinopatía.

(4) Seguimiento: Repetir fructosamina en 3 meses para ver tendencia (buscando reducción si mejora control). Continuar monitoreando glucemias capilares regularmente. Control con endocrinología para evaluar nuevas terapias si no alcanza objetivos de glucosa.

Justificación docente:

Las hemoglobinopatías (como el rasgo falciforme, talasemias, variantes de Hb) pueden alterar significativamente la interpretación de la HbA1c.

En primer lugar, ciertas variantes hemoglobínicas pueden interferir con los métodos de laboratorio de medición (especialmente con HPLC, generando picos anómalos) llevando a resultados falsamente bajos o altos, dependiendo del método y la variante.

En segundo lugar, condiciones como el rasgo falciforme o la talasemia pueden cambiar la dinámica eritrocitaria: en algunos casos hay hemólisis leve o alteraciones en la incorporación de glucosa a la Hb.

En este paciente con hemoglobina S heterocigota, su HbA1c se mantuvo inapropiadamente baja pese a glucemias elevadas. Estudios han indicado que la presencia de HbS puede acortar la vida del eritrocito y con ello disminuir la HbA1c medida. Además, la microcitosis (posible talasemia leve concomitante) también puede contribuir a resultados anómalos.

Es importante identificar estos casos: una HbA1c que no concuerda con la clínica o glucometrías debe levantar sospecha. Un hemograma con rasgos microcíticos o étnicamente pacientes de áreas de hemoglobinopatías debe hacer considerar una electroforesis de Hb. En la práctica, el laboratorio a veces informa “interferencia” si detecta un pico inusual en la cromatografía. Alternativamente, el clínico puede utilizar fructosamina o glucemia media estimada por sensor para evaluar control.

La NGSP (National Glycohemoglobin Standardization Program) publica listas de métodos de HbA1c y su comportamiento ante variantes comunes. Muchos métodos modernos son fiables con rasgo falciforme, pero algunos dan valores algo menores. En todo caso, si hay anemia hemolítica o alta rotación celular (como puede ocurrir en enfermedad falciforme activa), la HbA1c igualmente será baja.

Este caso enseña que una HbA1c inesperadamente baja en un diabético podría no ser “demasiado bueno para ser verdad” sino literalmente falso. Si hubiéramos confiado solo en la HbA1c = 5.5%, podríamos incluso haber diagnosticado erróneamente una “remisión” de diabetes o reducir tratamientos indebidamente.

Citar los datos de glucosa capilar y fructosamina evitó ese error. Desde la perspectiva terapéutica, se decidió intensificar control pese a HbA1c normal, basándose en la evidencia real de hiperglucemia. Enfatizamos al paciente y a otros médicos que su HbA1c no es de fiar por su condición genética.

En resumen, las hemoglobinopatías son otra causa de discrepancia entre HbA1c y glucemia real. En tales casos, la educación diabetológica debe incluir la explicación de este fenómeno al paciente. Las decisiones de farmacoterapia deben guiarse por otros parámetros. Es un recordatorio de la importancia de la medicina personalizada: el tratamiento de la diabetes debe considerar las características individuales que alteran los marcadores habituales.

Caso 8: HbA1c falsamente elevada por anemia ferropénica

Subjetivo:

Mujer de 28 años con diabetes tipo 1 desde hace 5 años. No antecedentes familiares de diabetes (caso aislado).

Antecedentes personales: anemia ferropénica crónica por menorragia (reglas abundantes); se ha rehusado a transfusiones, en tratamiento irregular con hierro oral. Sin otras comorbilidades; función renal normal. IMC 22 (normopeso). No fumadora, bebe alcohol solo socialmente. Actividad física moderada (gimnasio 2 veces/semana).

Tratamiento para DM1: Múltiples dosis de insulina con análogos (glargina 14 UI/día, aspart prandial ~6 UI por comida contando carbohidratos). Usa sensor Flash (FGM) Libre desde hace 3 meses; antes se medía capilar ~5 veces/día.

Adherencia: Buena, aunque refiere dificultad para elevar más las dosis por temor a engordar o tener hipoglucemias.

Autocontrol: Informa glucemias capilares promedio ~140-160 mg/dL; el sensor Libre arroja GMI (~HbA1c estimada) alrededor de 7,2%. Antecedentes de hipoglucemia: ocasionales leves, ningún episodio severo. Antecedentes de hiperglucemia: en contexto de síndrome premenstrual observa subidas a ~250 mg/dL.

Objetivo:

Examen físico: palidez cutánea notable; resto sin particularidades. TA 115/70. Laboratorio reciente: Hemoglobina 10.5 g/dL, ferritina 8 ng/mL (baja) – confirma anemia por deficiencia de hierro. HbA1c 8,0%, discrepante con registros de sensor y glucometría. Fructosamina 280 µmol/L (normal-alta, equivalente a ~7% HbA1c). Hormonas tiroideas normales. Perfil lipídico normal.

Datos de sensor FGM: Tiempo en rango 70% (objetivo cumplido), glucosa media ~155 mg/dL. No hay grandes excursiones salvo algunos días específicos.

Impresión diagnóstica:

HbA1c sobreestimada en una paciente con anemia ferropénica. A pesar de un perfil glucémico bastante aceptable (indicando HbA1c ~7-7.2%), la HbA1c medida es 8,0%. La deficiencia de hierro prolonga la vida media de los eritrocitos y/o aumenta la proporción de hemoglobina glicosilada en eritrocitos más viejos, produciendo un falso aumento de HbA1c. No hay indicios de empeoramiento real de control (fructosamina normal, sensor en meta), por lo que se concluye que la discrepancia proviene de la anemia. Diagnóstico: HbA1c falsamente elevada por anemia ferropénica en DM1.

Plan:

(1) Tratamiento agresivo de la anemia: Referir a Hematología o Ginecología para manejar la causa de la menorragia (p. ej. tratamiento hormonal para reducir sangrado menstrual). Iniciar o reforzar suplementación con hierro (vía IV si oral no es efectiva) para corregir la anemia lo antes posible. La expectativa es que al corregir la ferropenia, la HbA1c tienda a normalizarse en su correlación con la glucemia real.

(2) No intensificar indebidamente la insulinoterapia basándose en la HbA1c actual: Mantener dosis de insulina estables de momento, ya que un incremento podría inducir hipoglucemias si la HbA1c alta era espuria. Guiarse por los valores del sensor/SMBG para cambios.

(3) Seguimiento estrecho: Repetir HbA1c y fructosamina en ~8-12 semanas tras corregir hierro. Esperamos que con ferritina recuperada, la HbA1c se alinee (~7%). Mientras tanto, usar fructosamina como referencia principal para ajustes.

(4) Educación: Explicar a la paciente que su anemia está afectando la fiabilidad de la HbA1c (posiblemente causándole estrés injustificado y tentación de sobretratarse). Reforzar la importancia de tratar la anemia no solo por la HbA1c sino por su salud general (síntomas de cansancio, etc.).

(5) Una vez resuelta la anemia, reevaluar necesidad de algún ajuste pequeño en insulina si HbA1c real sigue >7%.

Justificación docente:

La anemia ferropénica es una conocida causa de falsa elevación de HbA1c. A diferencia de las anemias hemolíticas, en la anemia por déficit de hierro los glóbulos rojos tienden a tener mayor edad promedio (se ralentiza la eritropoyesis por falta de hierro, y los eritrocitos circulantes pueden sobrevivir más tiempo).

Estos eritrocitos más viejos acumulan más glucosa unida a la hemoglobina, elevando el porcentaje de HbA1c independientemente de la glucemia real. Algunos estudios han mostrado que tratar la anemia de hierro puede reducir significativamente la HbA1c sin cambiar la glucosa.

 En este caso, la paciente tenía todos los indicios: anemia ferropénica clara, HbA1c que no coincide con otras mediciones (sensor, fructosamina).

Es crucial reconocer esto para evitar intensificar innecesariamente la terapia diabética, lo que podría ponerla en riesgo de hipoglucemia. De hecho, un HbA1c falsamente elevado puede llevar a diagnóstico erróneo de diabetes o a sobretratamiento. Aquí, la intervención prioritaria es corregir la anemia.

Docentemente, se destaca la importancia de la fructosamina y de las lecturas de CGM como herramientas para clarificar dudas diagnósticas cuando la HbA1c es dudosa. La fructosamina refleja las proteínas glicosiladas plasmáticas (~2-3 semanas) y no se ve afectada por la vida del eritrocito; en la paciente fue normal, apuntando a buen control. Además, los datos del sensor confirmaban buen tiempo en rango. Todo ello respaldó que la HbA1c de 8% era artefactual.

Una vez tratado el hierro, la HbA1c deberá reevaluarse. La literatura sugiere que la anemia por deficiencia de hierro puede elevar la HbA1c en aproximadamente 1-1.5 puntos y esa elevación revierte tras reponer hierro.

Este caso enseña a los profesionales que siempre consideren el contexto: HbA1c no debe interpretarse aisladamente. Factores como anemias (ferropénica o hemolítica) pueden falsear el valor en direcciones opuestas.

Por eso, ante discordancias, se deben buscar causas secundarias y utilizar marcadores complementarios. El manejo integral de la persona con diabetes incluye también tratar condiciones asociadas (como la anemia) que indirectamente afectan el control y su evaluación.

Caso 9: Discrepancia por cambios agudos en el control glucémico (inicio brusco de diabetes tipo 1)

Subjetivo:

Varón de 22 años previamente sano, que acude por 3 semanas de poliuria, polidipsia y pérdida de 5 kg de peso. En urgencias se documentó glucemia al ingreso de 350 mg/dL y cetonas urinarias positivas; fue diagnosticado de diabetes tipo 1 de debut. Tras estabilización inicial sin cetoacidosis severa, se interconsulta para plan de insulinoterapia.

No antecedentes personales relevantes, excepto un cuadro viral semanas antes. No antecedentes familiares de DM1 (sí abuelo con DM2). No otras comorbilidades. Hábitos: no fuma, bebe alcohol ocasional socialmente. Deportista (fútbol).

Tratamiento actual: solo insulina IV transitoria durante hospitalización; se planificará insulinoterapia subcutánea basal-bolo. Estado nutricional: IMC 20 (ha perdido peso rápidamente).

Objetivo:

SV estables. Examen: delgado, deshidratación leve, mucosas secas, signos vitales normales tras hidratación. No complicaciones crónicas (por ser debut). Laboratorios del ingreso: Glucemia 350 mg/dL, bicarbonato 18 mmol/L (acidosis leve), anión gap algo elevado, HbA1c 6,8%. pH venoso 7.30. C-Péptido bajo. Anti-GAD positivos (confirmando autoinmunidad). Función renal, iónicos normales. Hemograma normal (Hb 14).

Impresión diagnóstica:

Diabetes mellitus tipo 1 de inicio rápido, con discordancia entre la hiperglucemia marcada actual y un HbA1c que no es muy elevado (6,8%).

Esto se explica porque el período de hiperglucemia ha sido relativamente corto (semanas), por lo que la HbA1c, que refleja ~3 meses, no alcanzó a elevarse proporcionalmente. Existe por tanto un riesgo de subestimar la severidad del estado inicial si se mirara solo la HbA1c.

Diagnóstico: Debut de DM1 con HbA1c falsamente baja para el nivel de glucemia actual (debido a la rápida aparición de la hiperglucemia).

Plan:

(1) Iniciar insulinoterapia intensiva: insulina basal (glargina 14 UI/día) y insulina ultrarrápida prandial (lispro, inicial 4-6 UI por comida, con ajustes según glicemias y raciones). Educar en conteo de carbohidratos.

(2) Educación diabetológica integral: instrucciones sobre uso de glucómetro, objetivos glucémicos (preprandial 80-130, postprandial <180), signos de hipo e hiperglucemia, manejo de emergencias (glucagón).

(3) Explicar la naturaleza de la discrepancia: hacerle saber que su HbA1c no reflejó lo alta que estaba su glucosa recientemente, por la rapidez de la enfermedad. Enfatizar que eso no significa que “no fuera grave”; al contrario, debe cumplir estrictamente el tratamiento.

(4) Seguimiento estrecho: primer mes con revisiones semanales (telefónicas o presenciales) para titulación de dosis. Medir nuevamente HbA1c en 3 meses, la cual probablemente subirá inicialmente antes de mejorar con el tratamiento (pues reflejará el periodo hiperglucémico del debut).

(5) Soporte emocional: ofrecer apoyo psicológico por la adaptación al diagnóstico abrupto.

(6) A largo plazo: considerar tecnología (CGM) una vez adaptado, dada su juventud, para optimizar control.

Justificación docente:

En los debuts de diabetes tipo 1, especialmente cuando la aparición de síntomas es rápida (semanas), es frecuente observar que la HbA1c no está tan elevada como cabría esperar por los niveles de glucemia que presenta el paciente.

Esto se debe a que la HbA1c refleja la glucemia de los últimos ~2-3 meses, con mayor peso de las semanas más recientes. Si la hiperglucemia existe solo desde hace, digamos, un mes, la HbA1c será una especie de promedio entre algunas semanas de hiperglucemia y semanas previas de normoglucemia (antes de enfermar).

En este paciente, una glucemia de 350 mg/dL indicaría un estado diabético franco, pero su HbA1c de 6,8% corresponde a una glucemia media ~150 mg/dL; claramente no captura la magnitud real de la hiperglucemia reciente.

Esto es esperable en debuts rápidos de DM1, e incluso se han dado casos de cetoacidosis con HbA1c casi normal.

La enseñanza clave es: una HbA1c normal no descarta diabetes si clínicamente hay signos. De hecho, las guías diagnósticas advierten que en sospecha de DM tipo 1 de inicio rápido, no debe usarse HbA1c para descartar o confirmar, sino glucemia plasmática, ya que puede ser falsamente baja inicialmente.

Este caso demuestra la limitación temporal de la HbA1c: necesita tiempo de exposición a la hiperglucemia para elevarse.

El plan terapéutico obviamente no se basó en la HbA1c sino en la condición clínica aguda: iniciar insulina inmediatamente. No hay que dejarse falsamente tranquilizar por una HbA1c moderada en un contexto de debut de DM1.

En cambio, se anticipa que la siguiente HbA1c puede subir (porque reflejará todo el periodo hiperglucémico del inicio), pese a que estemos tratando al paciente; esto también se debe explicar para no interpretar erróneamente que el tratamiento “empeoró” la diabetes (es solo que la métrica se pone al día con la realidad).

Desde el punto de vista educativo, este caso resalta cómo la HbA1c tiene limitaciones en escenarios dinámicos: tanto en ascensos rápidos (debut DM1) como en descensos rápidos (por cambios drásticos de estilo de vida o terapia).

Por ejemplo, si un paciente con HbA1c alta mejora mucho en un mes, su HbA1c seguirá alta por la memoria de meses previos; inversamente, si empeora rápidamente, la HbA1c tardará en subir.

En tales situaciones, las mediciones de glucosa capilar o CGM dan información más inmediata que la HbA1c. En conclusión, la interpretación de la HbA1c siempre debe contextualizarse en el tiempo y situación clínica: no es útil para cambios agudos, y un valor aparentemente “bueno” puede ser engañoso en fases iniciales de diabetes.

Caso 10: Discrepancia entre glucemias capilares y CGM por interferencia química (vitamina C)

Subjetivo:

Mujer de 55 años con diabetes tipo 2 desde hace 10 años. Factores de riesgo CV: HTA y obesidad (IMC 33); ex-fumadora (dejó hace 1 año).

Complicaciones: neuropatía leve; no enfermedad cardiovascular evidente. Tratamiento antidiabético: metformina 1000 mg/12h, empagliflozina 10 mg/d, y glargina 22 UI nocturna.

Debido a reluctancia a los pinchazos frecuentes, comenzó hace 4 meses a usar un sistema Flash Freestyle Libre para monitoreo intersticial, que escanea con su celular varias veces al día.

Adherencia a medicación: buena; refiere, sin embargo, que desde hace 2 meses está tomando suplementos de vitamina C (1 g diario) por recomendación “para mejorar defensas”.

Dieta y ejercicio: en proceso de mejorar, ha bajado 3 kg con dieta baja en carbohidratos y caminatas. Antecedentes de hipoglucemia: ninguno grave; algún mareo esporádico. Antecedentes de hiperglucemia: previamente sí, pero en últimos meses cree estar mejor.

Objetivo:

Peso 90 kg, TA 130/85. Examen: sin hallazgos agudos; obesidad abdominal presente. Lecturas CGM (Libre) de las últimas semanas: muestran promedio de glucosa ~140 mg/dL, con estimación de HbA1c (GMI) ~6,5%.

Sin embargo, cuando acude a consulta, la glucemia capilar medida en el laboratorio es 100 mg/dL menor que la que simultáneamente mostraba su sensor (sensor: 180 mg/dL vs laboratorio: 80 mg/dL). Además, la HbA1c realizada es 6,0%, más baja que la GMI del sensor. Estos hallazgos levantan sospecha de error en las lecturas del Libre.

Se recuerda que la paciente ingiere altas dosis de ácido ascórbico. En manual del fabricante de Libre se indica que dosis >500 mg de vitamina C pueden falsear lecturas. Confirmación: se le pide que mida glucosa capilar en ayunas y escanee sensor: capilar 110 mg/dL, Libre 160 mg/dL al mismo tiempo. Claramente el sensor sobrestima.

Impresión diagnóstica:

Discrepancia consistente entre glucemia capilar (y HbA1c) vs lecturas del sensor CGM Libre, debida a interferencia por altas dosis de vitamina C consumidas por la paciente.

La vitamina C en exceso causa una reacción electroquímica en el sensor Libre que falsamente eleva la lectura de glucosa intersticial. Resultado: el sistema indicaba glucemias más altas de las reales, lo que podría llevar a sobrecorrección. Diagnóstico: Lecturas de CGM alteradas por ácido ascórbico.

Plan:

(1) Eliminar/ reducir la causa de interferencia: Recomendar a la paciente suspender el suplemento de vitamina C (no es médicamente necesario en su caso). Si desea continuar alguna suplementación, mantener dosis <500 mg/día como indica el fabricante para no interferir.

(2) Validar corrección de lecturas: Tras quitar la vitamina C por 1-2 semanas, recalibrar expectativas: comparar de nuevo sensor vs capilar para asegurarse de que vuelven a concordar.

(3) Mientras tanto, precaución: Advertir que no ajuste dosis de insulina basándose en lecturas del sensor hasta confirmar que ya son fiables; que use su glucómetro para decisiones de dosificación importantes.

(4) Educación en CGM: Informar sobre otras posibles interferencias (ej. salicilatos en altas dosis pueden bajar lecturas en Libre, acetaminofén en ciertos modelos Dexcom antiguos puede subirlas, etc.), y siempre correlacionar con síntomas y sentido común.

(5) Seguimiento: Revisar en un mes HbA1c y perfil. Es probable que la HbA1c de 6,0% sea correcta reflejando su mejoría (gracias dieta y fármacos), confirmando que el sensor estaba dando falsos altos. Entonces posiblemente podamos reducir alguna medicación (p.ej., valorar bajar insulina basal si mantiene peso bajando y buenos números reales).

Justificación docente:

Los sistemas de monitoreo de glucosa modernos ofrecen gran comodidad, pero algunos son susceptibles a interferencias por sustancias exógenas. En el caso del FreeStyle Libre (FGM), se sabe que altas dosis de ácido ascórbico (vitamina C >500 mg/día) pueden elevar artificialmente la lectura de glucosa.

Esto ocurre por interferencia electroquímica en el sensor, ya que la vitamina C es oxidada en el electrodo generando corriente que el sistema interpreta como glucosa. El Dexcom G4/G5 tenía interferencia con acetaminofén a altas dosis, aunque el G6 lo mitigó; Dexcom sí tiene gran interferencia con hidroxiurea. En general, cada sistema tiene su lista de sustancias interferentes.

Esta paciente presentaba una discrepancia clara: el CGM estimaba más alta su glucosa promedio que la realidad (HbA1c y glucemias venosas eran más bajas). Al identificar la ingesta de 1 g de vitamina C, la explicación encajó perfectamente con lo descrito por el fabricante (Abbott advierte en su prospecto sobre >500 mg).

Es esencial que tanto profesionales como pacientes conozcan estas posibles interferencias. Por ejemplo, vitamina C y aspirina en Libre, acetaminofén en algunos CGM, maltosa/icodextrina en ciertos glucómetros antiguos – todos pueden llevar a errores graves.

Ha habido casos donde pacientes se inyectaron insulina de más por confiar en lecturas alteradas, produciendo hipoglucemias. Por eso, la recomendación es que ante lecturas inesperadas o en presencia de sustancias potencialmente interferentes, se confirme con glucemia capilar.

Los fabricantes suelen incorporar advertencias; en Libre aparece un símbolo de posible interferencia.

El plan docente refuerza eliminar la causa (en este caso, el suplemento no era necesario médicamente; en otros casos, si el fármaco interferente es imprescindible, habría que usar métodos alternativos de monitoreo). También se subraya la importancia de corroborar la exactitud tras eliminar la interferencia.

Este caso subraya una vez más que no toda discrepancia indica problema del paciente; a veces es del instrumento.

En una situación contraria, si un CGM marcara normal y la realidad fuera alta, también habría que sospechar (por ejemplo, sensor mal calibrado o con fallo). Aquí, la vitamina C causó falsos altos, que de no reconocerse podrían haber llevado a un ajuste indebido de insulina (posible hipoglucemia). Afortunadamente se detectó comparando con la glucemia capilar y la HbA1c.

Este es un buen ejemplo de la utilidad de usar múltiples fuentes de información para validar el control glucémico y la necesidad de un enfoque multidisciplinario (el conocimiento farmacológico de las interacciones con el dispositivo). En conclusión, en pacientes con CGM/FGM, siempre considerar factores que puedan distorsionar las lecturas y educar al paciente al respecto, para asegurar decisiones terapéuticas acertadas.

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