Introducción
La neumonía adquirida en la comunidad (NAC) continúa siendo una de las infecciones graves más frecuentes y la primera causa de muerte por enfermedad infecciosa en países desarrollados.
Tradicionalmente se distingue entre neumonía “típica” (causada por bacterias comunes como Streptococcus pneumoniae) y neumonía “atípica” (causada por patógenos menos convencionales, a menudo intracelulares o sin pared celular, que no responden a antibióticos betalactámicos).
Esta distinción histórica se basa en diferencias clínicas y microbiológicas: las neumonías atípicas suelen presentar un curso subagudo, con tos seca, síntomas sistémicos (mialgias, cefalea) y hallazgos radiológicos difusos o intersticiales, mientras que las típicas tienden a un inicio más agudo, fiebre alta, esputo productivo y consolidación lobar en la radiografía. No obstante, en la práctica existe solapamiento clínico y radiológico, por lo que la sospecha etiológica inicial es orientativa más que definitiva.
Epidemiología en España y Periodo Post-pandemia
La incidencia anual de NAC en España es de aproximadamente 2–5 casos por cada 1.000 adultos, siendo más frecuente en extremos de la vida y en presencia de comorbilidades crónicas (EPOC, cardiopatías, diabetes, etc.).
Se estima que hasta un 22–61% de los pacientes con NAC que acuden a Urgencias requerirán ingreso hospitalario, y alrededor de un 8–9% ingresarán en UCI, lo que refleja la potencial gravedad de algunos casos.
El Streptococcus pneumoniae (neumococo) continúa como el principal agente etiológico identificado en NAC en todas las series (especialmente en las formas típicas), seguido de los patógenos atípicos como Legionella pneumophila (segunda o tercera causa más frecuente identificada) y Mycoplasma pneumoniae. En pacientes ingresados en UCI por NAC, además del neumococo y Legionella, se aíslan con mayor frecuencia Staphylococcus aureus (a veces asociado a cuadros post-gripales) y bacilos Gram negativos (enterobacterias, Pseudomonas).
A pesar de los esfuerzos diagnósticos, en 40–60% de las NAC no se logra identificar el patógeno causal específico, lo que obliga a tratamientos empíricos basados en la epidemiología y la gravedad.
Neumonías atípicas:
representan un porcentaje significativo de NAC, aunque su incidencia exacta varía. M. pneumoniae suele causar entre 10–20% de las NAC en adultos jóvenes y niños mayores en ciclos epidémicos cada 4–7 años, C. pneumoniae alrededor de 5–10%, y L. pneumophila entre 2–10% (esta última proporción puede ser mayor en NAC graves o asociadas a brotes).
Virus respiratorios (como influenza, virus sincitial respiratorio, adenovirus y más recientemente SARS-CoV-2) también causan neumonías llamadas “atípicas” por su presentación clínica, y en ciertos estudios recientes se detectan virus en hasta ~20–30% de las NAC, ya sea como causa única o coinfección. La pandemia por COVID-19 (2020–2022) modificó sustancialmente el panorama: durante los confinamientos y medidas de distanciamiento, la incidencia de NAC bacterianas típicas y atípicas disminuyó (menos transmisión comunitaria de patógenos habituales), pero las neumonías víricas por SARS-CoV-2 aumentaron exponencialmente.
En el periodo post-pandemia, con el relajamiento de las medidas, hemos observado un repunte de otros patógenos respiratorios. Por ejemplo, a finales de 2023 y 2024 se documentó un aumento inusual de casos de NAC por Mycoplasma pneumoniae en España, tras la “pausa” epidémica durante la pandemia.
Este efecto rebote, también observado en otros países, evidencia la naturaleza cíclica de M. pneumoniae y la influencia que tuvo la pandemia en la circulación de agentes habituales. Del mismo modo, la incidencia de NAC neumocócica aumentó de nuevo tras la pandemia, incluso por encima de niveles pre-2020 en algunas regiones.
Desde el punto de vista de resistencia antimicrobiana, España, al igual que otros países, enfrenta el desafío del incremento de bacterias respiratorias resistentes. Un dato relevante es la alta resistencia del neumococo a los macrólidos: actualmente se estima que 20–40% de los S. pneumoniae en nuestro medio son resistentes a macrólidos (p. ej., eritromicina, claritromicina, azitromicina).
Esta tasa supera con creces el umbral del 25% a partir del cual no se recomienda el uso de macrólidos en monoterapia para NAC, debido al riesgo de fracaso terapéutico. También se ha descrito cierta resistencia del neumococo a las fluoroquinolonas (aprox. 3–8%), aunque es menos frecuente. En cuanto a M. pneumoniae, que carece de pared celular (intrínsecamente resistente a betalactámicos), su principal tratamiento son los macrólidos, pero el uso extendido de macrólidos ha provocado la aparición de cepas resistentes en todo el mundo.
En Asia, las resistencias de M. pneumoniae a macrólidos se dispararon del 40% en 2008 a >79% en la década siguiente. En Europa las tasas son variables (0,2% en Suecia hasta ~26% en Italia). ¿Y en España? Los datos son limitados, pero el primer caso documentado de M. pneumoniae resistente a macrólidos en España se publicó en 2014, y un estudio reciente (Rivaya 2020) encontró ~8% de cepas resistentes en nuestro medio. Aunque la cifra aún es baja en comparación con Asia, la tendencia alcista preocupa, especialmente en pediatría (donde las alternativas a macrólidos son más restringidas).
💡 Importante: La elevada resistencia del neumococo a macrólidos en España explica por qué las guías actuales desaconsejan la monoterapia con macrólido en la NAC moderada/grave, o incluso en ambulatorio cuando no podemos descartar neumococo. En su lugar, se prefiere un betalactámico como primera línea en la mayoría de adultos (p. ej. amoxicilina), reservando el macrólido para combinar o para casos con clara sospecha de atípicos. Este enfoque es promovido por el PRAN para asegurar la eficacia y frenar resistencias. Más adelante profundizaremos en estas recomendaciones terapéuticas.
Por otro lado, en la neumonía nosocomial (adquirida en el hospital, incluyendo la asociada a ventilación mecánica – NAV), el panorama etiológico y de resistencias es distinto. Las NAC atípicas clásicas (Mycoplasma, Chlamydia) raramente causan neumonía hospitalaria; en cambio, predominan bacilos Gram negativos (enterobacterias, Pseudomonas aeruginosa, Acinetobacter baumannii) y S. aureus (frecuentemente MRSA).
Además, en pacientes hospitalizados surgen cepas multirresistentes con mayor facilidad. La epidemiología de la neumonía intrahospitalaria varía según la región, hospital e incluso la unidad de cuidados, por lo que cada Comunidad Autónoma y cada hospital suele publicar informes locales de resistencias.
Estos documentos (en línea con el PRAN) son cruciales para guiar el tratamiento empírico adecuado en cada centro. Por ejemplo, un hospital puede reportar alta prevalencia de Pseudomonas resistentes a meropenem en UCI, lo que obligaría a cambiar la elección empírica, mientras que otro centro puede tener baja incidencia de MRSA y quizá no requiera cobertura anti-MRSA de rutina.
Conocer el perfil microbiológico local mejora significativamente el éxito del tratamiento inicial, evitando tanto la sobreutilización de antibióticos de amplio espectro como la falta de cobertura adecuada. Hablaremos de neumonía nosocomial más adelante en detalle.
Resumiendo, en España debemos manejar la NAC con la doble perspectiva de eficacia clínica y contención de resistencias: elegir el antibiótico correcto para el paciente correcto, con la dosis y duración óptimas. Esto requiere entender quién es el probable patógeno (¿típico vs atípico? ¿comunitario vs nosocomial?), cuáles son los patrones locales de sensibilidad y valorar factores individuales (edad, comorbilidad, estado inmune, época del año, exposición epidemiológica, post-COVID, etc.). A continuación, revisaremos brevemente los agentes causales de neumonía atípica y sus características diferenciales, para luego adentrarnos en el diagnóstico y tratamiento.
Definiciones y Patógenos Causales de Neumonía Atípica
¿Qué es un patógeno “atípico”?
En el contexto de NAC, se denomina así a los microorganismos no habituales (distintos del neumococo, Haemophilus influenzae, Moraxella, etc.) que típicamente causan neumonía comunitaria, y que además no se detectan en la tinción de Gram ni cultivan fácilmente con métodos convencionales. Suelen ser bacterias sin pared celular o con vida intracelular obligada, así como virus y otros. Por tanto, no responden a penicilinas/cefalosporinas y requieren antibióticos específicos (macrólidos, tetraciclinas, quinolonas, antivirales, etc.). Los principales agentes de neumonía atípica incluyen:
- Mycoplasma pneumoniae – bacteria sin pared celular, muy común en NAC de personas jóvenes (“neumonía ambulante”).
- Chlamydophila pneumoniae – bacteria intracelular obligada, causa faringitis y neumonía leve persistente en adolescentes y adultos.
- Legionella pneumophila – bacilo Gram negativo intracelular facultativo, ubiquista en aguas; causa neumonía severa asociada a brotes (legionelosis).
- Chlamydia psittaci – agente de la psitacosis, transmitido por aves, neumonía sistémica poco frecuente.
- Coxiella burnetii – agente de la Fiebre Q, relacionado con ganado; puede dar neumonía atípica en entornos rurales.
- Virus respiratorios – Influenza (gripe), Virus sincitial respiratorio (VRS), adenovirus, metapneumovirus, SARS-CoV-2, entre otros, que producen neumonías virales (también consideradas atípicas por su clínica).
- Otros: Pneumocystis jirovecii (neumonía por Pneumocystis, en pacientes inmunodeprimidos, antes PCP), Mycobacterium tuberculosis (la tuberculosis pulmonar, a veces en el diagnóstico diferencial de neumonías subagudas).
Presentación Clínica y Diferencias
Cada uno de estos patógenos tiene características clínicas diferenciadoras, aunque ningún dato aislado es definitivo. Por ejemplo, Mycoplasma pneumoniae suele provocar una neumonía leve a moderada en niños mayores, adolescentes y adultos jóvenes. Se presenta con tos seca intensa que puede persistir semanas, fiebre baja o moderada, malestar general, a menudo síntomas extrapulmonares: dolor de garganta, otalgia (a veces con miringitis bullosa, una ampolla en membrana timpánica típica de Mycoplasma), erupciones cutáneas leves, e incluso anemia hemolítica leve por anticuerpos fríos.
Los pacientes con M. pneumoniae a menudo parecen clínicamente mejor de lo que sugeriría la radiografía, de ahí el apodo “neumonía ambulante”. Raramente causa insuficiencia respiratoria grave en personas sanas, aunque puede dar complicaciones como encefalitis o síndrome de Guillain-Barré (inmunomediadas).
Chlamydophila pneumoniae produce un cuadro parecido a Mycoplasma pero aún más leve: frecuentemente inicia con faringitis o laringitis (voz ronca) seguida de una bronquitis/neumonía de curso subagudo. La fiebre suele ser baja, la tos persistente y seca. Suele afectar a adultos jóvenes y de mediana edad. Es rara la hospitalización por C. pneumoniae salvo en ancianos o inmunodeprimidos.
Legionella pneumophila, por el contrario, suele manifestarse como una NAC grave. Afecta típicamente a adultos de mediana edad o mayores, especialmente varones fumadores o con comorbilidades. Causa la legionelosis, caracterizada por fiebre alta (>39°C) de inicio agudo, afectación del estado general marcada, y síntomas extrapulmonares prominentes: diarrea, náuseas, vómitos, dolor abdominal, además de confusión o delirium. Un dato clásico es la hiponatremia (Na < 130 mEq/L) por secreción inadecuada de ADH, y a veces una bradicardia relativa (discordancia pulso-temperatura). La tos puede ser inicialmente seca y luego productiva con esputo escaso. La Legionella no se transmite persona a persona, sino por inhalación de aerosoles de agua contaminada (ej. sistemas de aire acondicionado, jacuzzis, torres de refrigeración), por lo que aparece en brotes epidémicos o casos aislados en verano. En España ha habido brotes notables (p.ej., Alcoy 2021, etc.). La mortalidad de la neumonía por Legionella puede ser alta (10-15% o más en formas severas), por lo que requiere diagnóstico y tratamiento precoces.
Chlamydia psittaci causa la psitacosis, relacionada con la exposición a aves (loros, periquitos, gallinas, pavos). Clínicamente, la psitacosis es una neumonía atípica con fiebre alta, cefalea intensa, mialgias, a veces esplenomegalia y afectación hepática (hepatitis leve). Puede haber historia de contacto con pájaros domésticos o trabajos avícolas, lo cual es clave para sospecharla. Aunque es infrecuente, es importante reconocerla porque el tratamiento específico (tetraciclinas) la resuelve rápidamente.
Coxiella burnetii produce la fiebre Q, que puede presentarse como síndrome febril con neumonía y hepatitis. Suele haber antecedente de contacto con ganado (vacuno, ovejas, cabras) o productos de granja (inhalación de partículas de parto de animales, estiércol, etc.). En la mayoría de los casos cursa como neumonía leve-moderada acompañada de fiebre prolongada y elevación de transaminasas. Su curso puede ser crónico en algunos (endocarditis por Coxiella).
Virus respiratorios: La gripe estacional (Influenza A/B) causa neumonía viral primaria sobre todo en grupos de riesgo (ancianos, embarazadas) o coinfecciones con neumococo/S. aureus. Se manifiesta con cuadro gripal típico (fiebre alta, mialgias, cefalea) que progresa a disnea, tos seca y a veces fallo respiratorio (sí la neumonía gripal es extensa). La neumonía por SARS-CoV-2 (COVID-19) merece mención: suele dar infiltrados bilaterales en vidrio deslustrado en la TAC, hipoxemia marcada a veces con disnea solo moderada (disociación clínico-radiológica), y un curso bifásico (empeoramiento alrededor de la semana). Las coinfecciones bacterianas en COVID inicial fueron menores de lo previsto (~5-15%), pero en neumonías graves por COVID en UCI sí se vieron a menudo sobreinfecciones nosocomiales (incluyendo Pseudomonas, Aspergillus, etc.). Otros virus como VRS causan neumonía grave sobre todo en lactantes (bronquiolitis) o ancianos con comorbilidades.
P. jirovecii (antes P. carinii), un hongo atípico, es causa de neumonía en inmunodeprimidos (SIDA con CD4<200, trasplantados, uso crónico de corticoides). La neumonía por Pneumocystis (PCP) cursa con disnea progresiva, hipoxemia intensa, tos seca y fiebre, con una radiografía que puede mostrar infiltrados intersticiales difusos bilaterales (o a veces estar casi normal al inicio). No entraremos en detalle, pues es un contexto especial, pero es un ejemplo de “neumonía atípica” oportunista fuera del ámbito de la NAC en inmunocompetentes.
A modo de resumen comparativo, la siguiente tabla resume diferencias clásicas entre neumonías típicas vs atípicas, y las características de los principales agentes atípicos:
| Característica | Neumonía Típica (Ej: neumococo) | Neumonía Atípica (Ej: Mycoplasma, Legionella) |
|---|---|---|
| Inicio de síntomas | Agudo (rápido, 1-2 días) | Insidioso (subagudo, varios días de malestar) |
| Fiebre | Alta (≥39°C), escalofríos frecuentes | Moderada o febrícula (excepto Legionella: fiebre alta) |
| Tos y expectoración | Tos productiva con esputo purulento | Tos seca persistente; esputo escaso o mucoso |
| Dolor pleurítico | Común (por afectación pleural) | Infrecuente |
| Auscultación pulmonar | Estertores localizados, síndrome de condensación (submatidez, soplo) | Estertores difusos o sibilancias; a veces normal al inicio |
| Radiografía de tórax | Consolidación lobar bien definida, broncograma aéreo | Patrón intersticial o parcheado difuso; infiltrados bilaterales posibles |
| Síntomas extrapulmonares | Raros (malestar general leve) | Destacados: mialgias, cefalea, alteraciones GI (Legionella), odinofagia, rash, confusión, etc. |
| Respuesta a beta-lactámicos | Buena (ej. penicilina, amoxicilina) | Nula (resistencia intrínseca) – requieren macrólidos/quinolonas |
| Patógenos típicos | S. pneumoniae, H. influenzae, S. aureus, bacilos G– (Klebsiella…) | M. pneumoniae, C. pneumoniae, L. pneumophila, virus, C. psittaci, Coxiella… |
Principales patógenos atípicos y sus particularidades:
Mycoplasma pneumoniae:
Frecuente en 5–20 años y adultos jóvenes. Curso benigno; a veces brotes epidémicos (familias, escuelas, cuarteles).
Clínica: Faringitis, traqueobronquitis inicial, luego neumonía con tos intensa y síntomas leves sistémicos. Puede haber eritema multiforme o miringitis bullosa.
Diagnóstico: Difícil por métodos convencionales. PCR en muestra respiratoria es la prueba más útil (disponible en algunos laboratorios); la serología (IgM, IgG) puede confirmar infección pero solo retrospectivamente (IgM aparece tras 1-2 semanas).
Tratamiento: Macrólidos de elección en niños y adultos jóvenes – típicamente azitromicina 500 mg/día por 3 días (ó 5 días en algunos esquemas) – debido a su eficacia y comodidad posológica. En la práctica, muchas NAC ambulatorias de curso leve se tratan empíricamente con azitromicina si se sospecha Mycoplasma.
Alternativas: doxiciclina (100 mg/12h, ≥7 días) en adultos (y niños >8 años), o fluoroquinolonas respiratorias (levofloxacino 500 mg/24h 5 días, moxifloxacino) en adultos, reservadas para alergia o fracaso con macrólido.
Nota sobre resistencias: Como mencionamos, hay cepas de M. pneumoniae con mutaciones 23S rRNA que confieren resistencia a macrólidos; en Asia es un problema serio (hasta 80%), pero en España la prevalencia reportada es <10%. Si una neumonía presumiblemente por Mycoplasma no mejora en 48-72h con macrólido, se debe sospechar resistencia y cambiar a doxiciclina o una quinolona.
Chlamydophila pneumoniae:
A menudo afecta adultos >50 años, pero también adolescentes.
Clínica: Faringitis, sinusitis o bronquitis inicial, seguida de tos crónica y algo de disnea. Síntomas sistémicos leves. Puede exacerbar EPOC en ancianos.
Diagnóstico: Serología (microinmunofluorescencia IgM) o PCR, pero rara vez se hacen en práctica porque la infección suele ser autolimitada o leve.
Tratamiento: Similar a Mycoplasma – azitromicina 500 mg/día × 3 días, o doxiciclina 100 mg/12h × 7–10 días. No suele requerir hospitalización salvo pacientes muy añosos o con comorbilidad importante.
Legionella pneumophila:
Patógeno crítico a considerar en NAC moderada-grave, especialmente si hay antecedentes epidemiológicos (viaje reciente con estancia en hotel, jacuzzi, o casos locales de legionela).
Clínica: Como se detalló, fiebre alta, tos no muy productiva, síntomas GI (diarrea en ~50%), manifestaciones neurológicas (confusión) y resultados de laboratorio como hiponatremia y elevación de transaminasas o CPK. Puede progresar a insuficiencia respiratoria rápidamente.
Diagnóstico: Antígeno urinario para Legionella (detecta serogrupo 1, responsable ~80% de casos) – es rápido y específico, fundamental en NAC graves. Si el antígeno es negativo pero la sospecha alta, se puede hacer PCR multiplex en muestras respiratorias para Legionella (cada vez más disponible). Cultivo en medio especializado (BCYE) se hace en brotes o para epidemiología, pero resultados tardan semanas.
Tratamiento: Macrólidos IV a dosis altas o fluoroquinolonas IV – ambas familias son eficaces. En NAC grave por Legionella, muchos clínicos prefieren levofloxacino (500–750 mg IV cada 24h) por su rápida acción bactericida y mejor penetración pulmonar, y/o combinan macrólido + quinolona en casos críticos. Azitromicina IV (500 mg/24h) es alternativa de elección, especialmente en embarazadas (donde evitar quinolonas). La duración del tratamiento suele ser 7-10 días en casos habituales, extendiendo a 14–21 días en pacientes inmunosuprimidos o con infección muy grave (aunque estudios modernos sugieren que 7-10 días de quinolona pueden bastar incluso en formas severas).
Resistencia: Afortunadamente, L. pneumophila raramente desarrolla resistencia significativa a macrólidos/quinolonas; los fallos de tratamiento suelen deberse más a retraso terapéutico que a resistencia. En casos extremos, se ha añadido rifampicina al macrólido, pero la evidencia de beneficio es limitada.
Chlamydia psittaci:
Poco común, pero clásica en preguntas de examen por su asociación con aves.
Clínica: Neumonía con fiebre alta, cefalea muy intensa (es característica), a veces bradicardia relativa, esplenomegalia, exantema o afectación multiorgánica leve.
Diagnóstico: Serología (IgM e IgG por fijación de complemento) es la prueba habitual; también PCR específica en laboratorios de referencia.
Tratamiento: Tetraciclinas son muy efectivas – doxiciclina 100 mg/12h durante 10–14 días es el tratamiento de elección (o cloranfenicol, históricamente). En embarazadas o intolerancia, se usan macrólidos (azitromicina), aunque la evidencia es menor.
Coxiella burnetii (Fiebre Q):
Clínica: Fiebre de comienzo agudo, muy alta, con intensa cefalea, sin rash; puede haber neumonía leve o moderada y hepatitis (transaminasas elevadas). En la radiografía, la neumonía puede ser segmentaria parcheada. Importante preguntar por exposición ganadera (granjas, mataderos) o incluso beber leche cruda.
Diagnóstico: Serología (anticuerpos fase II IgM, IgG) es la prueba diagnóstica estándar.
Tratamiento: Doxiciclina 100 mg/12h × 14 días es el estándar en infección aguda. En embarazadas, se prefiere cotrimoxazol dado que tetraciclinas están contraindicadas.
Virus (Influenza, SARS-CoV-2, VRS, etc.):
Clínica: Varía según el virus, pero a menudo la neumonía viral se acompaña de síntomas de vías altas (rinorrea, odinofagia) y manifestaciones sistémicas (mialgias intensas en gripe, anosmia/disgeusia en COVID-19, sibilancias en VRS). La auscultación puede ser menos focal (sibilancias difusas o crepitantes bilaterales).
Diagnóstico: PCR de panel respiratorio o test de antígeno específicos. Actualmente, en todo paciente con NAC es recomendable hacer tests virales rápidos (sobre todo PCR para SARS-CoV-2 y virus de la gripe, dada la coexistencia de pandemia COVID y temporada gripal). Un resultado positivo cambia la estrategia (por ejemplo, añadir antivirales en gripe, o evitar antibióticos innecesarios si es viral puro).
Tratamiento: Para influenza: antivirales como oseltamivir 75 mg/12h oral × 5 días (sobre todo si se inicia en primeros 48 horas, o en hospitalizados incluso más tarde). Para COVID-19: en neumonías moderadas-graves se usan corticoides sistémicos (dexametasona) y, en ciertos casos, antivirales como remdesivir o anticuerpos/antivirales específicos según protocolos vigentes – esto escapa a nuestro alcance, pero recordar que no se tratan con antibióticos las neumonías virales, a menos que haya sobreinfección bacteriana. Para otros virus (VRS, adenovirus) no hay tratamiento etiológico específico (más que soporte).
Neumonía por Pneumocystis (PCP):
Clínica: Paciente inmunodeprimido (p.ej. VIH avanzado, trasplantado) con disnea progresiva, taquipnea, hipoxemia (mucho mayor de lo esperable por la radiografía), fiebre y tos muy seca; puede haber estertores finos “en velcro”.
Diagnóstico: No se detecta en cultivos convencionales ni Gram. Se debe realizar BAL (lavado broncoalveolar) con tinciones (metenamina argéntica, inmunofluorescencia) o PCR de Pneumocystis. También ayuda el marcador β-D-glucano alto en suero.
Tratamiento: Trimetoprim-sulfametoxazol (cotrimoxazol) IV en dosis altas, por 21 días, asociado a corticoides en moderados-graves (PaO₂ <70 mmHg) para reducir el síndrome inflamatorio en pulmones. Es un caso especial fuera del espectro de la NAC típica, pero conviene tenerlo en mente ante un paciente oncológico o con VIH que se presenta con neumonía “atípica” severa.
Diagnóstico de la Neumonía: Enfoque Clínico y Pruebas Complementarias
Evaluación Clínica Inicial
Cuando enfrentamos a un paciente con sospecha de neumonía, lo primero es confirmar el diagnóstico e evaluar la gravedad. La sospecha clínica surge por la combinación de síntomas respiratorios (tos, disnea, expectoración, dolor pleurítico) con fiebre y auscultación patológica (crepitantes, roncus, disminución de murmullo vesicular).
En una neumonía atípica, algunos de esos hallazgos pueden ser sutiles (ej. auscultación poco llamativa en M. pneumoniae, o falta de fiebre alta). Por ello, la radiografía de tórax (PA y lateral) es esencial en toda sospecha de neumonía para confirmar la presencia de infiltrado pulmonar nuevo. Una Rx tórax confirma el diagnóstico de neumonía y puede sugerir complicaciones (derrame pleural, cavitación).
En ocasiones difíciles, una TC torácica puede detectar infiltrados no visibles en Rx (tiene mayor sensibilidad), pero no se usa de rutina en el diagnóstico inicial excepto en casos de diagnóstico dudoso o evolución tórpida.
Simultáneamente, se evalúan signos vitales y estado general para determinar dónde tratar al paciente. Se utilizan escalas pronósticas como CURB-65 o PSI (Índice de Fine) que ayudan a decidir ingreso hospitalario.
Por ejemplo, CURB-65 valora: Confusión, Urea > 42 mg/dL, Respiratoria ≥30, Blood pressure baja (PAS <90 o PAD <60) y 65 años o más. Cada criterio suma 1 punto. CURB-65 de 0–1 sugiere tratamiento ambulatorio (salvo consideraciones sociales), 2 indica ingreso convencional, y ≥3 indica ingreso (muchas veces en UCI si 4-5). Estas reglas no son absolutas; siempre priman el juicio clínico y factores no contemplados (por ejemplo, un CURB-65 = 1 en un paciente joven pero con infiltrados multilobares y mala oxigenación podría ameritar ingreso).
En la era post-COVID, algunos pacientes jóvenes sin comorbilidades pueden presentar neumonías virales graves (COVID o influenza) que requieren ingreso pese a puntuaciones bajas, por lo que la clínica y la saturación de oxígeno mandan.
Caso clínico 1 (ambulatorio):
Paciente varón de 28 años, previamente sano, consulta por tos seca intensa de 1 semana de evolución, asociada a febrícula 37.8ºC, dolor faríngeo inicial y malestar general.
Niega disnea importante (SatO₂ 96% ambiente). Auscultación: algunos crepitantes dispersos en bases. Rx tórax: infiltrados intersticiales bilaterales. Diagnóstico: sospecha de NAC atípica (posible Mycoplasma). CURB-65 = 0 (ambulatorio).
Conducta: indicar pruebas diagnósticas mínimas (no requiere cultivo de esputo rutinario al ser ambulatorio sin criterios de gravedad), pero en contexto actual se realiza test de antígeno SARS-CoV-2 que resulta negativo, y frotis faríngeo para PCR de M. pneumoniae (cuyo resultado tardará).
Se decide iniciar tratamiento empírico ambulatorio (ver sección de tratamiento). Se cita control en 48-72h. Este caso ejemplifica la típica neumonía atípica leve manejada en casa, donde confirmamos con radiografía, descartamos COVID, y no demoramos la terapia a la espera de confirmación etiológica (que suele no llegar en la mayoría de NAC leves).
Pruebas Microbiológicas y Etiológicas
El diagnóstico etiológico preciso de la neumonía es deseable, pero en la práctica se logra en un porcentaje limitado (20-30% de los casos, según PRAN). Las guías españolas recomiendan adaptar la intensidad del estudio microbiológico a la gravedad del caso:
En pacientes ambulatorios (NAC leve):
no se suelen realizar estudios microbiológicos rutinarios. La razón es que la mayoría evolucionan bien con tratamiento empírico estándar y los resultados etiológicos no cambiarían la conducta inicial.
Sin embargo, hay excepciones: por ejemplo, en un brote comunitario (varios casos similares, sospecha de legionelosis) o en pacientes con factores de riesgo inusuales (inmunodeprimidos, epidemiología especial), sí se podrían tomar muestras aun siendo ambulatorios.
También en la era COVID, a prácticamente todos los pacientes con sospecha de neumonía se les realiza PCR para SARS-CoV-2 (y en temporada de gripe, test de influenza) incluso de forma ambulatoria, dado el impacto en el manejo.
En pacientes hospitalizados (NAC moderada o grave):
SIEMPRE intentar obtener muestras para identificación etiológica antes de iniciar antibiótico, sin retrasar por ello el tratamiento. Esto incluye:
Dos hemocultivos aerobia/anaerobio (punciones separadas).
Cultivo de esputo o aspirado respiratorio de buena calidad (ideal >25 PMN y <10 células escamosas por campo), con tinción de Gram. Un Gram de esputo puede orientar si se ve diplococos Gram+ (neumococo) o bacilos Gram- o si predominan PMN sin bacterias (sugiere atípicos). Si el paciente está intubado, se recomienda aspirado traqueal o lavado broncoalveolar cuantitativo.
Antígeno urinario de neumococo y antígeno urinario de Legionella (serogrupo 1). Estos tests rápidos son muy útiles: el de neumococo detecta polisacárido C en orina (positivo en neumonías neumocócicas bacteriémicas, con buena especificidad), y el de Legionella es esencial ante NAC graves con sospecha epidemiológica.
PCR multiplex respiratoria para virus y atípicos: muchos hospitales ahora disponen de paneles de PCR que en pocas horas detectan varios virus (influenza, VRS, adenovirus, metapneumovirus, SARS-CoV-2, etc.) e incluso algunos bacterianos atípicos (Mycoplasma, Chlamydophila, Legionella). Por ejemplo, durante la pandemia se incorporó la PCR de SARS-CoV-2 nasofaríngea como prueba estándar en NAC. Si el hospital tiene panel amplio, se debe aprovechar especialmente en pacientes graves o inmunodeprimidos donde el diagnóstico amplio es vital. La PCR es muy sensible y considerada ahora el “nuevo estándar oro” para M. pneumoniae por su rapidez y fiabilidad.
Otros: Si hay derrame pleural significativo, toracocentesis diagnóstica con análisis del líquido (pH, LDH, proteínas, ADA) y cultivo (bacterias comunes, micobacterias). En pacientes con factores de riesgo para TB (subagudo, contacto, inmunosupresión), enviar esputo a Ziehl-Neelsen y cultivo para Mycobacterium tuberculosis. En sospecha de psitacosis o fiebre Q, se pueden guardar muestras de suero para serologías pareadas (fase aguda y convaleciente). Sin embargo, enfatizamos: en NAC no complicada, la prioridad es iniciar antibiótico pronto; los estudios etiológicos son complementarios y su rendimiento en NAC no grave es bajo.
En UCI (NAC muy grave o NAV): aplicar todo lo anterior con mayor razón, y considerar procedimientos invasivos como broncoscopia con lavado broncoalveolar o catéter telescopado si es un paciente intubado con NAV, para obtener muestras profundas de calidad. En NAV, se logra etiología en ~60% de los casos (más que en NAC).
Pruebas específicas según sospecha: Por ejemplo, si se sospecha Pneumocystis (VIH, inmunosuprimido), realizar BAL + tinción/PCR como mencionamos. Si sospecha de hongo endémico (histoplasmosis, etc., en viajero) u otras rarezas, realizar los tests correspondientes (antígenos fúngicos, etc.). Estas consideraciones suelen exceder el ámbito de una NAC en inmunocompetente, pero se mencionan para completitud.
¿Y el antibiograma?
El antibiograma es la prueba de sensibilidad a antibióticos que se realiza una vez aislada la bacteria en cultivo. En neumonía, esto aplica principalmente a patógenos típicos (neumococo, H. influenzae, S. aureus, Gram negativos) que se logran cultivar de esputo, sangre u otro líquido.
Un ejemplo: si un hemocultivo resulta positivo para Streptococcus pneumoniae, el laboratorio reportará su sensibilidad a penicilina, cefotaxima, macrólidos, quinolonas, etc. Esto permite ajustar el tratamiento óptimamente (p. ej., si el neumococo es sensible a penicilina, quizás se puede desescalar a penicilina G IV en vez de ceftriaxona).
Sin embargo, para los patógenos atípicos (Mycoplasma, Chlamydia, Legionella) es muy difícil obtener un cultivo en la práctica rutinaria. M. pneumoniae y C. pneumoniae requieren medios especiales y mucho tiempo; Legionella se puede cultivar en medios especializados pero el resultado tarda ≥5-7 días y la sensibilidad antibiótica no se prueba de rutina.
Por lo tanto, no es factible hacer antibiograma de confirmación para la mayoría de atípicos. La elección de antibiótico para ellos es empírica, basada en guías y en el conocimiento de resistencias generales. Una excepción parcial es Legionella: en algunos centros de referencia, si se aísla en cultivo, podrían probar susceptibilidad; pero normalmente si sospechamos legionelosis tratamos con cobertura adecuada sin esperar confirmación.
En la neumonía nosocomial (NIH/NAV), los cultivos microbiológicos tienen aún más importancia. Siempre que sea posible, antes de iniciar antibióticos de amplio espectro, se deben obtener muestras respiratorias (esputo aspirado, aspirado endotraqueal, BAL) para Gram y cultivo, además de hemocultivos.
Dado que en la neumonía hospitalaria esperamos patógenos potencialmente resistentes, el antibiograma de los aislamientos es fundamental para dirigir la terapia. Es usual que tras 48-72h con tratamiento empírico, se revalore al paciente: si los cultivos identifican un germen y dan sensibilidad, podemos desescalar a un antibiótico más específico (por ejemplo, si el cultivo de aspirado bronquial en una NAV aisla Klebsiella sensible solo a meropenem, se ajusta a ese, o si muestra Pseudomonas sensible a piperacilina-tazobactam y meropenem, quizá se continúa con el de espectro más estrecho). En caso de cultivos negativos, a menudo mantenemos el esquema empírico inicial un tiempo definido, siempre intentando no prolongar más de lo necesario.
Exámenes de laboratorio generales:
Se solicitan hemograma, bioquímica básica (urea, creatinina, iones, transaminasas), proteína C reactiva (PCR) o procalcitonina para evaluar respuesta inflamatoria. Ninguno es diagnóstico específico, pero sirven de línea base y para seguimiento (ej. descenso de PCR con tratamiento). En neumonías graves con saturación <90%, realizar gasometría arterial para valorar hipoxemia y PaO₂/FiO₂ (importante para criterios de ingreso UCI).
Diagnóstico diferencial:
Otras patologías pueden simular una neumonía. Debemos descartar: insuficiencia cardiaca con edema agudo pulmonar (puede dar disnea y velamiento alveolar), tromboembolismo pulmonar (infartos pulmonares parecen infiltrados, y puede haber fiebre), neoplasias pulmonares (un nódulo o masa con fiebre tumoral), vasculitis con capilaritis pulmonar, etc.
La persistencia de infiltrados a pesar de tratamiento adecuado debe obligar a reconsiderar el diagnóstico diferencial. En el paciente joven ambulatorio con “neumonía atípica” leve, el diferencial suele ser entre distintos patógenos atípicos o tuberculosis primaria si hay factores de riesgo.
Tratamiento Empírico de la Neumonía Adquirida en la Comunidad (NAC)
El tratamiento de la NAC se inicia empíricamente en base a la sospecha clínica, gravedad y factores de riesgo, sin esperar confirmación etiológica. Una máxima importante: iniciar antibiótico lo antes posible una vez decidida la indicación (idealmente en las primeras 4 horas tras la llegada a Urgencias, y en caso de sepsis/shock dentro de la primera hora), ya que un retraso terapéutico se asocia a peor pronóstico. La elección de antibiótico empírico en España sigue las directrices tanto internacionales (Guías SEPAR 2020, ERS/ESCMID, IDSA/ATS) como nacionales (Guía Terapéutica Antimicrobiana PRAN). A continuación desglosamos el manejo por escenario:
NAC Ambulatoria (extrahospitalaria)
La gran mayoría de pacientes con NAC leve (CURB-65 = 0–1, sin criterios de ingreso) se tratan en domicilio con antibiótico oral. PRAN y las guías españolas enfatizan el uso de un betalactámico como primera elección en adultos, debido a la prevalencia de neumococo y a la resistencia a macrólidos comentada.
Adulto joven, sin comorbilidades, sin criterios de gravedad:
Amoxicilina 1 g por vía oral cada 8 horas, durante 5 días (dosis alta para cubrir neumococo adecuadamente). Este es el esquema preferido para NAC típica ambulatoria, cubriendo S. pneumoniae (incluyendo muchas cepas con sensibilidad disminuida a penicilina, dada la dosis alta) y H. influenzae en su mayoría. Se suele pautar 5 días, con la condición de reevaluar a las 48–72h: si el paciente lleva 48h afebril y mejora clínicamente, 5 días totales son suficientes.
Si no, podría extenderse a 7 días. (Nota: Antes se recomendaban 7–10 días, pero estudios recientes y guías PRAN abogan por ciclos cortos en NAC no complicada, para reducir resistencias y efectos secundarios.) En pacientes alérgicos a penicilina (reacción inmediata), la azitromicina sería alternativa (ver más abajo), o en casos de alergia no grave, una cefalosporina oral (cefditorén pivoxilo 400 mg/12h, cefuroxima axetilo 500 mg/12h) podría usarse.
¿Y la cobertura de “atípicos” en ambulatorio? Depende de la sospecha: si el cuadro clínico sugiere fuertemente una etiología atípica (como en el Caso 1 arriba: joven, tos seca prolongada, clínica subaguda), se puede optar por monoterapia con un macrólido desde el inicio.
Las guías admiten que en NAC leve sin factores de riesgo, un macrólido solo podría ser suficiente siempre que la resistencia local de neumococo sea baja; pero en España, dado que la resistencia a macrólidos es alta (~20-30%), no se recomienda de rutina salvo en situaciones particulares. Una estrategia prudente es: amoxicilina + macrólido en pacientes ambulatorios cuando no se pueda descartar atípico. Sin embargo, para simplificar pautas (y favorecer adherencia), algunos clínicos eligen uno u otro según la impresión clínica: si parece típica, amoxicilina; si parece atípica, azitromicina.
Otro enfoque es iniciar amoxicilina sola y, si no hay mejoría en 48-72h, añadir macrólido. Azitromicina (500 mg 1 vez al día por 3 días) es el macrólido preferido (por comodidad y menor efecto adverso gastrointestinal que eritromicina). Como monoterapia cubrirá Mycoplasma, Chlamydophila, Legionella parcialmente, C. psittaci, Coxiella y S. pneumoniae susceptible (pero fallará si el neumococo es resistente).
Doxiciclina 100 mg/12h PO es otra alternativa oral que cubre atípicos y también neumococo moderadamente bien; puede usarse en lugar de macrólido, sobre todo en pacientes jóvenes pero no niños (≥8 años) y sin contraindicación (embarazo). Las tetraciclinas muestran poca resistencia en estos patógenos y son baratas.
Por último, fluoroquinolonas respiratorias orales (levofloxacino 750 mg cada 24h, o moxifloxacino 400 mg cada 24h, típicamente 5 días) son muy efectivas contra típicos y atípicos, actuando como monoterapia integral. Sin embargo, su uso de primera línea se reserva para casos con alergias a alternativos o comorbilidades significativas, debido a su impacto ecológico (más riesgo de inducir resistencias y de eventos adversos). PRAN desalienta usar quinolonas en NAC leve no complicada. Resumen ambulatorio (adulto):
Primera elección: Amoxicilina 1 g/8h VO (5 días, ampliar a 7 si necesario).
Si sospecha atípica o cobertura ampliada necesaria: Amoxicilina 1 g/8h + Azitromicina 500 mg/24h VO (3 días la azitro). ó Monoterapia con Azitromicina 3-5 días (situación especial).
Alternativas: Doxiciclina 100 mg/12h VO (7–10 días) en vez de azitro si adecuada. Levofloxacino 750 mg/24h VO (5 días) o moxifloxacino 400 mg/24h VO (5 días) si alergia a beta-lactámicos y macrólidos.
Alergia penicilina (grave): Azitromicina monoterapia (con control estrecho), o quinolona.
Añadir oseltamivir si test de gripe positivo o alta sospecha durante epidemia; no dar antibióticos en neumonía viral pura (confirmada).
Adulto con comorbilidades o >65 años:
En pacientes de riesgo (EPOC, cardiopatía, cirrosis, DM, asplenia funcional, etc., o mayores de 65 años), el espectro etiológico de NAC se amplía: pueden estar involucrados H. influenzae, Moraxella catarrhalis (especialmente en EPOC), incluso enterobacterias o Pseudomonas en EPOC muy avanzado o bronquiectasias, además de los típicos y atípicos habituales.
En estos casos, la recomendación es usar un beta-lactámico con actividad sobre H. influenzae + cobertura de atípicos. Una pauta frecuente es: Amoxicilina-ácido clavulánico 875/125 mg VO cada 8h (dosis alta) + Azitromicina 500 mg/24h VO. El clavulánico amplía espectro a H. influenzae productor de beta-lactamasa y algunas enterobacterias leves, y añade cobertura de Moraxella.
Alternativamente, se puede usar una cefalosporina oral de 3ª generación (cefditorén 400 mg/12h) o de 2ª (cefuroxima 500 mg/12h) en lugar de amoxi-clav, siempre asociada al macrólido. Otra opción es monoterapia con quinolona respiratoria (p. ej. levofloxacino 750 mg diarios VO, o moxi 400 mg) que cubre todo, recomendada si hay alergia a penicilinas o ciertas comorbilidades.
Pero debido a la estrategia PRAN, se intenta reservar quinolonas por su efecto ecológico. Las guías SEPAR 2020 sugieren que la combinación beta-lactámico + macrólido no mostró inferioridad frente a quinolona sola en pacientes ambulatorios con comorbilidades, por lo que prefieren la combinación (aprovechando sinergias: el macrólido aporta cobertura atípica y quizá efecto antiinflamatorio). Duración: igualmente 5 días (hasta 7) si buena evolución; macrólido usualmente 3-5 días según fármaco (azitro 3d, claritro sería 7d pero se usa menos).
Caso clínico 2 (ambulatorio con comorbilidad):
Mujer 70 años, diabética y EPOC Gold III, consulta por disnea y aumento de la tos con expectoración purulenta verdosa y fiebre 38.5ºC de 2 días. SatO₂ 93% basal, FR 22, PA 130/80, consciente (CURB-65 = 1 por edad). Rx tórax: infiltrado en lóbulo inferior derecho. Diagnóstico: NAC probablemente bacteriana típica (neumococo o H. influenzae) sobre pulmones con EPOC, riesgo moderado.
Conducta: manejo ambulatorio estrecho. Se envía esputo para cultivo (dada la purulencia y su EPOC). Se inicia Amoxicilina-Clavulánico 875/125 mg 8h + Azitromicina 500 mg 24h oral. La azitromicina también puede ayudar a su bronquitis por efecto antiinflamatorio. Se indica control en 48h.
Evolución: A las 48h, la paciente sigue febril 38ºC y algo más disneica; no mejoró. Se decide ingreso hospitalario para tratamiento IV. Este ejemplo muestra cómo un plan ambulatorio inicial puede requerir revisión.
En este caso, el cultivo de esputo luego demostró Pseudomonas aeruginosa (patógeno no cubierto por el esquema ambulatorio), lo cual explica el fallo: su EPOC bronquiectásico ocultaba ese riesgo. El tratamiento se ajustó en hospital a ceftazidima + tobramicina IV, con buena respuesta.
Lección: En ancianos con comorbilidad respiratoria, pensar en bacilos Gram negativos resistentes si no responden a lo estándar, y escalar cuidados oportunamente.
Pediatría (NAC extrahospitalaria):
Los niños tienen consideraciones especiales. En menores de ~5 años, la mayoría de neumonías son virales o neumocócicas, Mycoplasma es muy raro antes de los 5 años.
Por tanto, la guía PRAN pediátrica indica: en <5 años con neumonía comunitaria no complicada, Amoxicilina 80-90 mg/kg/día dividida cada 8h por 7 días es el tratamiento de elección (cubriendo S. pneumoniae principalmente).
En >5 años, si se sospecha atípico (tos seca predominante, contexto epidémico escolar), se añade cobertura para Mycoplasma.
El fármaco de elección es Azitromicina: dosis pediátrica 10 mg/kg/día (máx 500 mg) el primer día, seguida de 5 mg/kg/día (máx 250 mg) los días 2 a 5. Es decir, un curso de 5 días (como en adultos, la azitro tiene vida media larga).
Alternativa pediátrica: Claritromicina 15 mg/kg/día dividida cada 12h (máx 1 g/día) por 7 días, si alergia o indisponibilidad de azitro. Doxiciclina generalmente se evita <8 años (por dientes), y fluoroquinolonas solo se usan en niños en situaciones muy especiales (infecciones graves resistentes, o Mycoplasma con falla a macrólido con compromiso neurológico, como señala algún autor).
Así que en pediatría las opciones básicamente son amoxicilina, amoxi-clav (si se sospecha H. influenzae no vacunado, etc.) y macrólidos. La duración en niños suele ser 7 días (algunos usan 10 días en <5 años para neumococo; evidencia reciente sugiere 5 días podrían bastar si buen curso, pero en práctica muchos mantienen 7). Importante: no olvidar cubrir virus en diagnóstico: test de VRS y gripe en niños pequeños.
NAC Hospitalizada (moderada)
Si el paciente requiere ingreso (CURB-65 = 2, saturación baja, comorbilidades descompensadas, etc.), el manejo cambia a antibióticos intravenosos inicialmente y vigilancia estrecha.
El objetivo es cubrir tanto neumococo y otros típicos como los atípicos más relevantes (principalmente Legionella, Mycoplasma) ya que en pacientes ingresados la probabilidad de Legionella pneumophila es mayor.
Por ello, el esquema empírico hospitalario estándar es la combinación de un beta-lactámico + macrólido IV. En planta convencional (NAC moderada, no UCI): suele usarse Ceftriaxona 1-2 g IV cada 24h + Azitromicina 500 mg IV cada 24h. Este régimen provee una cobertura amplia: ceftriaxona cubre S. pneumoniae, H. influenzae, Klebsiella y otros Gram negativos comunitarios, mientras azitromicina cubre Mycoplasma, Chlamydophila, Legionella y añade cobertura neumococo adicional.
Como alternativa al macrólido, algunos usan levofloxacino 500–750 mg IV cada 24h (monoterapia o añadido al beta-lactámico). La monoterapia con fluoroquinolona en el hospital es una opción si alergia a ambos (betalactámicos y macrólidos) o en casos seleccionados; sin embargo, varias guías españolas prefieren la dual (betalactámico+macrólido) y reservan la quinolona para casos de contraindicación, ya que no se ha demostrado clara superioridad de la quinolona y se quiere limitar su uso.
Otra opción de beta-lactámico es amoxicilina-clavulánico IV (1-2 g/8h) o ampicilina-sulbactam IV si se prefiere cubrir anaerobios y H. influenzae; también válido cefotaxima 2 g/8h IV o ertapenem en ciertos escenarios (diabético con aspiración, etc., aunque ertapenem se suele reservar).
La ceftriaxona es popular por su comodidad de 1 dosis diaria. Duración: En NAC hospitalizada no grave, con etiología desconocida, 5–7 días de tratamiento suelen ser suficientes si la evolución es favorable a las 48-72h. Esto ha sido un cambio en los últimos años: antes se daban 10-14 días “por rutina”, ahora se acorta para prevenir resistencias.
Siempre, claro, individualizar: si a los 5 días el paciente aún tiene fiebre o inestabilidad, no cortar el antibiótico. Y si se identificó un patógeno concreto, ajustar la duración según él (por ejemplo, neumococo sin bacteriemia: 5-7 días; Legionella: mínimo 7-10 días; S. aureus: 14 días, etc.).
Especial: NAC con factores de riesgo de Pseudomonas o MRSA:
Si el paciente tiene antecedentes de colonización/infección por Pseudomonas aeruginosa, o presenta EPOC muy avanzado con bronquiectasias y corticosteroides crónicos, o ha tomado antibióticos de amplio espectro recientemente, debemos cubrir Pseudomonas en la NAC (aunque es patógeno poco común en NAC clásica, en España ~3-5% de NAC en UCI pueden ser por Pseudomonas).
En tal caso, el beta-lactámico elegido debería ser piperacilina-tazobactam 4.5 g IV c/6-8h o una cefalosporina antipseudomónica (cefepima 2 g/8h IV) o incluso un carbapenem (meropenem 1 g/8h IV) si hay muchos factores de riesgo de resistencias. A ese beta-lactámico se le asocia igual un macrólido IV (o quinolona). Si se usa meropenem, a veces se omite el macrólido y se pone meropenem + levofloxacino, para cubrir también Legionella.
Respecto a S. aureus MRSA: pensar en post-influenza necrotizante, diálisis crónica, adicción a drogas IV o estancia en residencia, etc. De entrada solo se cubre MRSA empíricamente en NAC muy graves con factor de riesgo. La cobertura anti-MRSA sería añadir vancomicina IV o linezolid 600 mg/12h IV al esquema. De nuevo, esta decisión depende de la epidemiología local (en algunas UCI españolas la prevalencia de MRSA en NAC es baja). Si se sospecha, digamos en un paciente post-gripe con cavitación en RX, se añade linezolid (que penetra mejor pulmón) y luego se ajusta según cultivos.
NAC aspirativa: Si se piensa que la neumonía es por aspiración (antecedente de vómito, alteración del sensorio, etc.), hay que cubrir anaerobios de la boca. En NAC comunitaria aspirativa, amoxi-clavulánico cubre anaerobios bien; si ya está con amoxi-clav, no hace falta nada extra.
Si se estaba usando ceftriaxona + azitro, se valora añadir metronidazol o cambiar a amp-sulbactam. No obstante, las guías señalan que solo añadir anaerobicida si hay sospecha de absceso pulmonar o empiema (porque en neumonitis por aspiración química que evoluciona bien, no siempre es necesario).
Caso clínico 3 (ingreso hospitalario):
Hombre 50 años, fumador, con hipertensión. Consulta por fiebre alta 39.5ºC, disnea moderada y diarrea de 1 día de evolución. TA 100/60, FC 110, SatO₂ 90% aire ambiente. Confusión leve (no sabe fecha). Rx: infiltrado alveolar en lóbulo medio derecho.
Se sospecha fuertemente Legionella (por el cuadro pulmonar + digestivo + neurológico). CURB-65 = 3 (confusión, urea elevada 50 mg/dL, >65 no cumple, FR 28, PA 100/60 – ~2-3 criterios). Ingresa a planta o UCI intermedia. Se toman hemocultivos, esputo para Gram/cultivo, antígeno urinario neumococo y Legionella, PCR SARS-CoV-2. Se inicia Ceftriaxona 2 g IV + Azitromicina 500 mg IV.
Además, dado que estamos en enero, se añade oseltamivir en espera de resultado de gripe. El paciente requiere O₂ por bigotes. Al día siguiente llega antígeno urinario Legionella positivo. Se continúa tratamiento 10 días (aunque guías permitirían 7, se extiende porque inicialmente hubo afectación sistémica severa).
Evoluciona bien, sin necesidad de UCI. Comentario: Este ejemplo ilustra manejo de NAC grave con sospecha atípica (Legionella) – cobertura combinada, uso de antígenos rápidos, añadir antiviral empíricamente en contexto epidémico, y ajustar duración según la respuesta.
NAC en UCI (grave)
Los pacientes críticamente enfermos (criterios de ingreso UCI: shock séptico, ventilación mecánica, fracaso multiorgánico, PaO₂/FiO₂ < 200, etc.) requieren terapia empírica de amplio espectro inmediata.
En NAC grave, se recomienda doble cobertura antineumocócica + antilegionella, típicamente: Ceftriaxona 2 g IV + Azitromicina 500 mg IV (igual que en planta, pero aquí es innegociable el macrólido).
Algunos expertos añaden también una fluoroquinolona (terapia triple: beta-lactámico + macrólido + quinolona) argumentando máxima cobertura, pero esto puede ser redundante. Otra opción válida en UCI es Ceftriaxona + Levofloxacino IV (evitando macrólido), que cubre atípicos y típicos.
Cualquier esquema en UCI debe también considerar Pseudomonas o MRSA si factores de riesgo, como ya explicamos: en UCI es más probable que nos inclinemos a cubrirlos empíricamente porque la tolerancia al error es menor. Así, un paciente con shock séptico y NAC, fumador con EPOC avanzado, probablemente reciba de entrada Piperacilina-Tazobactam + Azitromicina + Amikacina (por ejemplo) para no dejar cabos sueltos, y vancomicina si hay sospecha de MRSA.
Tan pronto se obtengan resultados microbiológicos, desescalar a un esquema más estrecho (ej: aislamientos reportan neumococo, sensible a ceftria, entonces continuar solo ceftriaxona).
En UCI, además de la terapia antimicrobiana, son vitales los cuidados de soporte: muchos pacientes requieren ventilación mecánica (invasiva o al menos no invasiva), control de sepsis, vasopresores si shock, tromboprofilaxis, etc., pero eso va más allá de esta sesión enfocada en antibióticos.
Duración en UCI: Mínimo 7 días de antibiótico si evolución favorable, pudiendo prolongarse a 10 o más según patógeno o complicaciones. Por ejemplo, S. aureus necrotizante post-gripal se trata ≥14 días, una NAC por Pseudomonas también suele 14 días para evitar recaída. Si surgen abscesos, empiemas, ni hablar: drenar colecciones y terapia prolongada.
Ajustes según Etiología (Terapia Dirigida)
Cuando logramos identificar el microorganismo causal mediante pruebas, debemos ajustar el tratamiento a la opción más específica y segura, siguiendo el antibiograma si aplica. Algunos ajustes comunes:
- Neumococo sensible: cambiar a penicilina G sódica IV (4 MU/4h) o amoxicilina IV 1 g/6h, que son muy eficaces y más estrechos que ceftriaxona. Si neumococo tiene sensibilidad intermedia a penicilina (MIC alta no meníngea), ceftriaxona puede mantenerse o amoxicilina a dosis altas.
- Neumococo resistente a macrólido (fenotipo MLS): si el paciente estaba con macrólido oral y se aísla neumococo resistente, cambiar a betalactámico o quinolona. ¡Esto refuerza la recomendación de no usar macrólido solo inicialmente en la mayoría!.
- H. influenzae productor de beta-lactamasa: necesita amoxi-clav o ceftriaxona; si estaba con amoxicilina sola y no responde, este puede ser el motivo (en EPOC anciano, p. ej.).
- S. aureus: si es sensible a meticilina (MSSA), cambiar a cloxacilina IV; si es MRSA, usar vancomicina (o linezolid si mala respuesta o tóxico, especialmente en infección pulmonar linezolid penetra mejor alveolo).
- Bacilos Gram negativos entéricos (E. coli, Klebsiella): dirigir según antibiograma – pueden ser sensibles a ceftriaxona (bien), pero si BLEE positivas requieren carbapenem (ertapenem, meropenem).
- Pseudomonas: afinar al antibiótico más efectivo con menor espectro posible (ceftazidima, piperacilina-tazobactam, ciprofloxacino IV, dependiendo de sensibilidad). A veces, en pacientes muy críticos, se combinan 2 agentes activos antipseudomonas hasta notar mejoría, luego posiblemente desescalar a monoterapia.
- Legionella: si confirmamos por antígeno o PCR, típicamente se sigue con levofloxacino o azitromicina hasta completar ≥10 días (14 si grave). Algunos expertos añaden rifampicina pero solo se consideraría en fallo clínico con terapia estándar.
- Mycoplasma/Chlamydophila: suelen confirmarse tardíamente por serología; si el paciente ya está mejor con macrólido, se continúa 7-10 días totales. Si no hubo macrólido, se añade al esquema en cuanto se sospecha/confirmada la etiología.
- Coxiella/psittaci: una vez diagnosticadas, aseguran que el paciente reciba tetraciclina por el curso recomendado (incluso si ya pasó fase aguda, completar 2 semanas).
- Virus gripe: si test fue positivo y aún no se había dado oseltamivir (por olvido o ingreso tardío), iniciarlo incluso tardíamente en hospitalizados, pues puede reducir complicaciones. Para COVID, seguir protocolos (generalmente antibióticos no indicados a menos que haya coinfección bacteriana comprobada o se sospeche fuertemente).
Seguimiento: Los pacientes ambulatorios deben reevaluarse a las 48–72h para confirmar respuesta clínica. En hospital, la reevaluación es continua; si en 48-72h no mejora, se reconsidera diagnóstico (posible germen resistente, complicación, diagnóstico equivocado) y se amplía cobertura o se hacen más pruebas (broncoscopia, TAC para descartar absceso/embolias sépticas, etc.).
Una vez completado el tratamiento, se recomienda en adultos mayores repetir Rx de tórax en ~6-8 semanas para asegurar resolución radiológica y descartar patología subyacente (ej. neoplasia oculta). Esto sobre todo si >50 años o fumadores, ya que un carcinoma broncogénico puede presentarse como “neumonía” que no resuelve.
Neumonía Nosocomial (NIH/NAV): Enfoque y Tratamiento
La neumonía intrahospitalaria (NIH) es la que ocurre ≥48 horas después de la admisión en un paciente que no estaba incubando infección al ingreso. La neumonía asociada a ventilación (NAV) es la que aparece ≥48-72h tras intubación endotraqueal. Estas infecciones se manejan de forma distinta a la NAC por su etiología y riesgo de resistencia. Aunque no son el foco principal de esta charla, el enunciado pide mencionarlas para completar el panorama.
Microbiología:
Como mencionamos, los patógenos más frecuentes en neumonía nosocomial (tanto NIH como NAV) son Pseudomonas aeruginosa, Acinetobacter baumannii, Enterobacteriaceae (Ej. Klebsiella, E. coli, Enterobacter) y Staphylococcus aureus (especialmente MRSA). Los patógenos atípicos raramente contribuyen; por definición, Mycoplasma/Chlamydia son comunitarios.
Legionella podría causar neumonía hospitalaria si el sistema de agua del hospital está contaminado (ha ocurrido en algunos brotes nosocomiales de Legionella); pero la mayoría de NIH/NAV son bacterias hospitalarias oportunistas. Cabe destacar: muchos de estos patógenos presentan mecanismos de resistencia adquirida (BLEE, carbapenemasas, meticilina-R, etc.), lo que hace que la terapia empírica deba ser más agresiva hasta descartar esas posibilidades.
Abordaje empírico:
A diferencia de la NAC, aquí sí se justifica usar antimicrobianos de amplio espectro desde un inicio, ajustados al perfil local de resistencias. El tratamiento empírico debe cubrir Pseudomonas y S. aureus, y en algunos entornos Acinetobacter.
Un esquema típico (sin factores de riesgo de resistencia muy elevados) para NAV precoz podría ser piperacilina-tazobactam 4.5g IV c/6h o cefepima 2g c/8h ± amikacina (un aminoglucósido añadido a veces para asegurar cobertura Gramnegativa) y vancomicina IV (15 mg/kg c/12h) si riesgo de MRSA significativo.
Alternativamente, meropenem 1g c/8h IV es muy usado en UCI si se sospecha BLEE o otras resistencias, combinado con linezolid 600 mg/12h o vanco para MRSA.
Las guías más recientes proponen algoritmos según factores de riesgo de MDR: si el paciente ha recibido antibióticos recientes, o larga estancia, etc., se recomienda usar doble cobertura antipseudomónica (por ejemplo ceftazidima + ciprofloxacino, o meropenem + amikacina) más cobertura anti-MRSA. En cambio, en pacientes sin riesgos, una monoterapia con piperacilina-tazobactam o cefepima podría ser suficiente (y si MRSA no es prevalente, sin vanco). Siempre se insiste: conocer las tasas locales de MRSA y Gram negativos MDR para no tratar de menos ni de más.
Duración del tratamiento en neumonía nosocomial: Las evidencias recientes indican que una terapia más corta (7-8 días) es generalmente igual de efectiva que 14 días en NAV/NIH, siempre que el paciente evolucione bien, y conlleva menos recidivas por microorganismos resistentes y menos efectos adversos. De hecho, pautas de 7 días se asocian a menos días de antibióticos y no más mortalidad, excepto quizás en infecciones por Pseudomonas o Acinetobacter donde algunos estudios vieron ligera mayor tasa de recurrencia con 7 días (pero sin impacto en mortalidad).
Por ello, las guías SEPAR 2020 de neumonía nosocomial concluyen que 7-8 días de antibiótico son apropiados en NAV/NIH con buena respuesta clínica, reduciendo la presión antibiótica para MDR. Solo en casos de germen MDR problemático o respuesta lenta se considerarían cursos más prolongados individualizados. Esta es una reducción importante respecto a prácticas antiguas de dar 14-21 días a todos, y nuevamente está alineado con la filosofía PRAN.
Prevención y otras consideraciones: En hospitales, hay programas para prevenir NAV (elevación cabecera, higiene bucal, sedación mínima, aspiración subglótica, etc.) que han logrado reducir incidencias en UCI hasta ~50%.
La vacunación antigripal anual al personal y pacientes, y la vacunación antineumocócica en grupos de riesgo (por ej. adultos ≥65, pacientes con EPOC, cardiopatías, esplenectomizados, etc.) son medidas importantes para disminuir la carga de NAC y sus complicaciones. De hecho, la última normativa SEPAR 2020 dedica un apartado a recomendar la vacuna conjugada 13-valente o las nuevas 15/20-valentes en adultos con comorbilidades para reducir enfermedad neumocócica. Menos neumonías significan menos antibióticos, y por ende menos resistencia.
Conclusiones
El manejo de las neumonías atípicas y de la neumonía en general exige un equilibrio entre experiencia clínica y adhesión a guías actualizadas. Como clínicos, debemos observar cuidadosamente los matices del cuadro de cada paciente: un exantema o una bradicardia relativa pueden apuntar a Mycoplasma o Legionella; la ausencia de respuesta a un antibiótico nos debe hacer replantear el diagnóstico o la sensibilidad del germen. En cada decisión (p. ej. elegir amoxicilina sola vs. combinar un macrólido) ponemos en la balanza la probabilidad de patógenos y la responsabilidad de no fomentar resistencias.
España, a través del PRAN, nos proporciona recomendaciones claras: por ejemplo, utilizar amoxicilina como pilar en NAC ambulatoria (por su espectro estrecho eficaz y bajo impacto ecológico), reservar las quinolonas para casos necesarios, acortar tratamientos a lo justo y necesario (5-7 días en NAC típica, 7-8 días en NAV), y no dudar en ampliar cobertura cuando el paciente lo requiera (pero desescalar luego según resultados).
Las diferencias locales importan: los documentos de resistencia autonómicos muestran, por ejemplo, que ciertas regiones pueden tener más neumococos resistentes a macrólidos o más prevalencia de BLEE en gram negativos; el clínico experto consulta esos datos y adapta la terapia empírica a su entorno, siguiendo la máxima “piensa global, actúa local”.
En poblaciones especiales, hemos de recordar ajustar: en niños, dosificar según peso y pensar primero en virus/neumococo; en ancianos, vigilar que los síntomas pueden ser atenuados (confusión como único signo de neumonía); en inmunodeprimidos, ampliar el espectro de diagnóstico diferencial (Pneumocystis, hongos, TB) y de tratamiento (cotrimoxazol, antifúngicos); en embarazadas, evitar fármacos teratógenos (tetraciclinas, quinolonas) y optar por macrólidos seguros; en pacientes con insuficiencia renal o hepática, ajustar dosis y vigilar toxicidades.
Finalmente, la experiencia clínica nos dice que tratar una neumonía no es solo recetar un antibiótico: es seguir la evolución día a día, atender posibles complicaciones (derrame pleural, absceso, sepsis), brindar soporte (oxígeno, hidratación, antipiréticos, analgesia), y educar al paciente (completar pauta, signos de alarma, suspensión del tabaco, vacunación futura).
La pandemia de COVID-19 nos recordó la importancia de diferenciar neumonías virales de bacterianas para evitar antibióticos inadecuados, y nos dejó lecciones sobre manejo de insuficiencia respiratoria que se aplican a cualquier neumonía grave.
Preguntas frecuentes
¿Qué es la Neumonía Adquirida en la Comunidad (NAC) y cómo se diferencia la “típica” de la “atípica”?
La Neumonía Adquirida en la Comunidad (NAC) es una infección pulmonar grave y frecuente que se contrae fuera del ámbito hospitalario. Tradicionalmente, se distingue entre neumonía “típica” y “atípica” basándose en el patógeno causante y la presentación clínica. Las neumonías “típicas” suelen ser causadas por bacterias comunes como Streptococcus pneumoniae (neumococo), presentan un inicio agudo con fiebre alta, tos productiva y consolidación lobar en la radiografía. Por otro lado, las neumonías “atípicas” son provocadas por patógenos menos convencionales (a menudo intracelulares o sin pared celular, no detectables por Gram ni cultivo convencional), como Mycoplasma pneumoniae o Legionella pneumophila. Estas suelen tener un curso subagudo, con tos seca, síntomas sistémicos (mialgias, cefalea) y hallazgos radiológicos difusos o intersticiales. A pesar de estas diferencias, existe un solapamiento clínico y radiológico considerable, haciendo que la sospecha inicial sea orientativa.
¿Cuáles son los principales patógenos asociados a la neumonía atípica y cómo se manifiestan clínicamente?
Los principales patógenos causantes de neumonía atípica incluyen:
- Mycoplasma pneumoniae: Común en jóvenes, causa una neumonía leve a moderada (“neumonía ambulante”) con tos seca intensa y persistente, fiebre baja, y a veces síntomas extrapulmonares como dolor de garganta, otalgia o erupciones cutáneas.
- Chlamydophila pneumoniae: Produce un cuadro similar a Mycoplasma pero más leve, a menudo iniciando con faringitis o laringitis, seguida de tos persistente y seca.
- Legionella pneumophila: Causa una NAC grave, afectando a adultos de mediana edad o mayores. Se manifiesta con fiebre alta, afectación marcada del estado general, síntomas gastrointestinales (diarrea, vómitos) y neurológicos (confusión), además de hiponatremia. Se asocia a brotes por inhalación de aerosoles de agua contaminada.
- Chlamydia psittaci (psitacosis): Relacionada con la exposición a aves, causa neumonía con fiebre alta, cefalea intensa, mialgias y a veces esplenomegalia.
- Coxiella burnetii (Fiebre Q): Asociada al contacto con ganado, puede presentarse como neumonía con fiebre prolongada y hepatitis leve.
- Virus respiratorios (Influenza, SARS-CoV-2, VRS, etc.): Causan neumonías virales que se consideran atípicas por su presentación. La clínica varía, pero suelen acompañarse de síntomas de vías altas y sistémicos. El COVID-19, por ejemplo, se caracterizó por infiltrados bilaterales y marcada hipoxemia.
- Pneumocystis jirovecii: Un hongo atípico que provoca neumonía grave en pacientes inmunodeprimidos (ej. VIH avanzado), con disnea progresiva e hipoxemia intensa.
¿Cómo ha influido la pandemia de COVID-19 en la epidemiología de la NAC en España?
La pandemia de COVID-19 (2020-2022) alteró significativamente el panorama epidemiológico de la NAC. Durante los confinamientos y medidas de distanciamiento, la incidencia de NAC bacterianas (típicas y atípicas) disminuyó debido a una menor transmisión comunitaria. Sin embargo, las neumonías víricas causadas por SARS-CoV-2 aumentaron exponencialmente. En el período post-pandemia, con la relajación de las medidas, se ha observado un “repunte” de otros patógenos respiratorios. Por ejemplo, a finales de 2023 y 2024, España experimentó un aumento inusual de casos de NAC por Mycoplasma pneumoniae y también un incremento de la incidencia de NAC neumocócica, incluso superando los niveles previos a 2020 en algunas regiones. Este “efecto rebote” subraya la naturaleza cíclica de algunos agentes y la influencia de la pandemia en su circulación.
¿Cuáles son los desafíos en el tratamiento de la NAC en España, especialmente en relación con la resistencia antimicrobiana?
España enfrenta un desafío significativo por el aumento de la resistencia antimicrobiana en bacterias respiratorias. Un dato crucial es la alta resistencia del neumococo a los macrólidos, estimada entre un 20-40%. Esta tasa supera el umbral del 25% que desaconseja el uso de macrólidos en monoterapia para NAC, debido al riesgo de fracaso terapéutico. El uso extendido de macrólidos también ha provocado la aparición de cepas resistentes de Mycoplasma pneumoniae a nivel mundial, con una prevalencia en España cercana al 8%. Estas resistencias explican por qué las guías actuales (alineadas con el PRAN – Plan Nacional de Resistencia a los Antibióticos) desaconsejan la monoterapia con macrólidos en NAC moderada/grave o ambulatoria cuando no se puede descartar neumococo. En su lugar, se prefiere un betalactámico como primera línea, reservando el macrólido para combinar o para casos con clara sospecha de atípicos. En la neumonía nosocomial, la situación es aún más compleja, con predominio de patógenos multirresistentes, lo que exige un conocimiento profundo del perfil microbiológico local para guiar el tratamiento empírico.
¿Qué pruebas diagnósticas son esenciales al sospechar una neumonía, y cuándo se debe buscar una identificación etiológica precisa?
Ante la sospecha de neumonía, es fundamental confirmar el diagnóstico y evaluar la gravedad. La radiografía de tórax (PA y lateral) es esencial para confirmar el infiltrado pulmonar. Para determinar la necesidad de hospitalización, se utilizan escalas como CURB-65 o PSI. El estudio microbiológico se adapta a la gravedad:
- Pacientes ambulatorios (NAC leve): Generalmente no se realizan estudios rutinarios, salvo excepciones (brotes, inmunodeprimidos o en la era COVID, PCR para SARS-CoV-2 y gripe).
- Pacientes hospitalizados (NAC moderada o grave): Siempre se intentan obtener muestras antes de iniciar antibióticos, incluyendo dos hemocultivos, cultivo de esputo de buena calidad con tinción de Gram, antígeno urinario de neumococo y Legionella, y PCR multiplex respiratoria para virus y atípicos.
- Pacientes en UCI (NAC muy grave o NAV): Se aplican todas las pruebas anteriores con mayor razón, considerando procedimientos invasivos como broncoscopia con lavado broncoalveolar. La identificación etiológica es deseable, pero a menudo no se logra en un alto porcentaje de casos (40-60% de las NAC). Es crucial no retrasar el inicio del tratamiento antibiótico mientras se esperan los resultados de las pruebas.
¿Cuál es el tratamiento empírico recomendado para la NAC, según la gravedad y los factores de riesgo del paciente?
El tratamiento de la NAC se inicia empíricamente, sin esperar confirmación etiológica, priorizando la rapidez.
- NAC ambulatoria (leve): En adultos jóvenes sin comorbilidades, la primera elección es Amoxicilina 1 g/8h VO por 5 días. Si hay fuerte sospecha de patógeno atípico, se puede considerar monoterapia con Azitromicina (500 mg/24h por 3 días), aunque debido a las resistencias, la combinación Amoxicilina + Azitromicina es una estrategia prudente. En adultos con comorbilidades o >65 años, se prefiere Amoxicilina-ácido clavulánico 875/125 mg/8h VO + Azitromicina 500 mg/24h VO. Las fluoroquinolonas respiratorias se reservan para alergias o comorbilidades significativas por su impacto ecológico.
- NAC hospitalizada (moderada): El esquema estándar es la combinación de un betalactámico + macrólido IV. Típicamente, Ceftriaxona 1-2 g IV/24h + Azitromicina 500 mg IV/24h. La duración suele ser de 5-7 días si la evolución es favorable.
- NAC en UCI (grave): Se requiere terapia empírica de amplio espectro inmediata, con doble cobertura antineumocócica y antilegionella, usualmente Ceftriaxona 2 g IV/24h + Azitromicina 500 mg IV/24h. Si hay factores de riesgo para Pseudomonas o MRSA, se añade cobertura específica (ej., piperacilina-tazobactam, meropenem, vancomicina o linezolid). La duración mínima es de 7 días, pudiendo prolongarse según el patógeno o complicaciones.
¿Por qué es crucial el “ajuste según etiología” (terapia dirigida) y qué implica la desescalada antibiótica?
El ajuste según etiología, o terapia dirigida, es fundamental una vez que se identifica el microorganismo causante mediante pruebas microbiológicas. Esto permite seleccionar el antibiótico más específico y seguro, basándose en el antibiograma del patógeno aislado. La “desescalada antibiótica” es un concepto clave en este ajuste: implica cambiar de un régimen empírico de amplio espectro (usado inicialmente para cubrir un rango posible de patógenos y evitar retrasos en el tratamiento) a un antibiótico de espectro más estrecho y dirigido, una vez que se conoce la sensibilidad del germen. Por ejemplo, si un hemocultivo revela Streptococcus pneumoniae sensible a penicilina, el tratamiento puede cambiarse de ceftriaxona a penicilina G IV. Este enfoque optimiza la eficacia del tratamiento, minimiza los efectos secundarios para el paciente y, crucialmente, reduce la presión de selección de bacterias resistentes, contribuyendo a la contención de la resistencia antimicrobiana.
¿Cuáles son las diferencias clave en la neumonía nosocomial (NIH/NAV) en comparación con la NAC, y cómo se abordan?
La neumonía intrahospitalaria (NIH) y la neumonía asociada a ventilación (NAV) se diferencian de la NAC en su etiología y riesgo de resistencia. A diferencia de la NAC, los patógenos atípicos (Mycoplasma, Chlamydia) raramente causan neumonía nosocomial. En cambio, predominan bacterias hospitalarias oportunistas como Pseudomonas aeruginosa, Acinetobacter baumannii, Enterobacteriaceae y Staphylococcus aureus (frecuentemente MRSA). Muchos de estos patógenos poseen mecanismos de resistencia adquirida. Por ello, el tratamiento empírico para NIH/NAV justifica el uso de antimicrobianos de amplio espectro desde el inicio, ajustados al perfil local de resistencias del hospital, cubriendo a menudo Pseudomonas y S. aureus. La duración del tratamiento tiende a ser más corta (7-8 días) si hay buena respuesta clínica, para reducir la presión antibiótica. La prevención de NAV (higiene, sedación mínima, etc.) y la vacunación son medidas importantes para disminuir su incidencia.
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