Introducción
Una revisión de la medicación va mucho más allá de comprobar si cada fármaco está correctamente prescrito. El farmacéutico de Atención Primaria integra el tratamiento completo con los diagnósticos, los resultados analíticos, la función renal, el riesgo cardiovascular, la adherencia, las preferencias del paciente y sus objetivos terapéuticos.
Este caso clínico de una persona con diabetes tipo 2, obesidad y polimedicación muestra cómo este análisis permite identificar problemas relacionados con la medicación, priorizar intervenciones y colaborar con el equipo asistencial para mejorar la efectividad, la seguridad y la experiencia del paciente.
Caso clínico: diabetes tipo 2 y polimedicación
Se presenta el caso de un hombre de 62 años, con un IMC superior a 30 kg/m² y una hemoglobina glucosilada —HbA1c— del 7,9%. Su tratamiento incluye varios medicamentos para la diabetes, la hipertensión, la dislipidemia y otros problemas de salud.
La prescripción activa permite formular hipótesis, pero no basta para tomar una decisión clínica. Antes de proponer cambios, el FAP necesita consultar la historia clínica, las analíticas, los antecedentes, los ingresos o visitas a urgencias, la evolución del peso, la adherencia y las preferencias del paciente.
Test 08 Pregunta 26 Diabetes Mellitus

¿Qué necesita conocer el FAP antes de intervenir?
La primera aportación del farmacéutico consiste en identificar la información que falta. Entre otros datos, deberían revisarse:
- Duración de la diabetes y evolución de la HbA1c.
- Función renal y cociente albúmina/creatinina.
- Antecedentes de enfermedad cardiovascular o insuficiencia cardiaca.
- Episodios de hipoglucemia, especialmente si han requerido ayuda.
- Peso, alimentación, actividad física y objetivos del paciente.
- Presión arterial y perfil lipídico.
- Adherencia, forma de administración y tolerabilidad.
- Automedicación, suplementos y duplicidades.
Sin esta información no sería adecuado atribuir la falta de control a una única causa ni recomendar automáticamente la sustitución de un medicamento.
Objetivo glucémico individualizado
Una HbA1c del 7,9% puede indicar que el control glucémico se encuentra fuera del objetivo, pero ese objetivo debe individualizarse. La edad, la duración de la diabetes, las comorbilidades, el riesgo de hipoglucemia, la situación funcional y las preferencias del paciente condicionan la meta terapéutica.
La revisión debe comprobar también si el resultado se explica por falta de efectividad, una pauta difícil de cumplir, administración incorrecta, efectos adversos, inercia terapéutica o problemas de acceso al tratamiento.
Las recomendaciones ADA 2026 mantienen que los objetivos glucémicos deben individualizarse y priorizan evitar tanto la inercia terapéutica como la hipoglucemia. ADA Standards of Care 2026
Revisión del tratamiento para la diabetes
El paciente recibe varios antidiabéticos. El FAP debe valorar la contribución real de cada uno, su seguridad, su adecuación a la función renal y la complejidad global de la pauta.
La combinación de metformina y sitagliptina requiere revisar la función renal para confirmar que las dosis son adecuadas. La gliclazida puede contribuir al control glucémico, pero también obliga a investigar hipoglucemias y a considerar su posible influencia sobre el peso.
La dapagliflozina no debe valorarse únicamente por su efecto sobre la HbA1c. Su indicación y continuidad también pueden depender de la presencia de enfermedad renal crónica, insuficiencia cardiaca o riesgo cardiovascular. Asimismo, deben revisarse tolerabilidad, hidratación, infecciones genitourinarias y situaciones en las que resulte necesario interrumpirla temporalmente.
Si se considera un agonista del receptor GLP-1, la decisión debe basarse en el perfil clínico completo, las necesidades de control glucémico y ponderal, el riesgo cardiovascular, las contraindicaciones, los efectos adversos, las preferencias del paciente y la financiación aplicable. No se recomienda combinar un agonista del receptor GLP-1 con un inhibidor de la DPP-4 como sitagliptina, debido a la ausencia de beneficio clínico añadido relevante.
Por tanto, este caso no permite concluir que deba sustituirse directamente un medicamento por otro. Sí permite detectar una oportunidad de revisión conjunta y decisión compartida.
Las recomendaciones farmacológicas ADA 2026 priorizan la selección según el perfil cardiovascular, renal, metabólico y el riesgo de hipoglucemia, no únicamente según la HbA1c. Tratamiento farmacológico ADA 2026
Riesgo cardiovascular, presión arterial y dislipidemia
La coexistencia de diabetes, hipertensión, dislipidemia y obesidad obliga a realizar una evaluación cardiovascular y renal integral. No es correcto asignar un mismo objetivo de LDL a todas las personas con diabetes.
El objetivo lipídico debe establecerse según la categoría individual de riesgo, la presencia de lesión de órgano diana, enfermedad cardiovascular, enfermedad renal y otros factores. En pacientes de riesgo alto o muy alto, los objetivos de LDL son considerablemente inferiores a 100 mg/dl.
La revisión también debe comprobar el grado de control de la presión arterial, la función renal, los electrolitos, la tolerabilidad y la adherencia. En este tratamiento resultaría pertinente investigar, entre otros aspectos, la aparición de edema asociado a amlodipino y las alteraciones hidroelectrolíticas relacionadas con los diuréticos.
La actualización ESC/EAS de 2025 mantiene objetivos de LDL diferenciados por categoría de riesgo y confirma las estatinas como primera opción farmacológica. Actualización ESC/EAS 2025
Diazepam y vitamina D: revisar antes de renovar
La revisión de la medicación no debe limitarse a los tratamientos cardiometabólicos. También es necesario conocer por qué se iniciaron el diazepam y la vitamina D, cuánto tiempo llevan prescritos y si continúa existiendo una indicación.
En el caso del diazepam deben revisarse la duración, el beneficio percibido, la somnolencia, el riesgo de caídas, la conducción, el consumo de alcohol y la posible dependencia. Si se plantea su retirada después de un uso prolongado, esta debe realizarse de forma gradual, individualizada y supervisada.
En relación con la vitamina D, conviene comprobar la indicación, la dosis, la pauta real, los resultados analíticos previos y el riesgo de una suplementación innecesaria o excesiva.
¿Qué aporta el farmacéutico de Atención Primaria?
El valor del FAP no reside en recomendar un cambio aislado, sino en ordenar la complejidad farmacoterapéutica y convertirla en un plan clínico priorizado.
En este caso, sus principales aportaciones serían:
- Completar la información clínica necesaria.
- Comprobar la adecuación de dosis a la función renal.
- Investigar hipoglucemias, efectos adversos y problemas de adherencia.
- Identificar tratamientos potencialmente innecesarios o mejorables.
- Integrar el riesgo cardiovascular, renal y metabólico.
- Proponer alternativas razonadas al equipo asistencial.
- Incorporar las preferencias y objetivos del paciente.
- Definir qué resultados deben evaluarse y cuándo.
Así, la revisión de la medicación se convierte en una intervención clínica longitudinal, coordinada con medicina y enfermería y orientada a obtener resultados relevantes para el paciente.
Conclusión
Una prescripción extensa no puede evaluarse medicamento a medicamento ni mediante objetivos automáticos. La revisión exige comprender qué necesita el paciente, qué aporta cada tratamiento, qué riesgos introduce y qué resultados se están obteniendo.
El farmacéutico de Atención Primaria aporta una visión especializada de la farmacoterapia que ayuda a detectar problemas invisibles, priorizar decisiones y reforzar la seguridad del paciente crónico complejo.
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